El precio lo pongo yo

    Claro que todas las cosas tienen un precio, lo que no sabe mucha gente, o no lo quiere reconocer, es que además todo tiene consecuencias.

    El precio se lo pongo yo, las consecuencias… las consecuencias te las da la vida.

    Muchos lo saben: saben que yo les puedo conseguir lo que quieran. Como aquella zorra: necesitaba matar a su marido, “pero que parezca un accidente”, ideó el plan perfecto: haría parecer  que el pobre hombre se había suicidado. Sólo faltaba un pequeño detalle: ella no sabía hacer un nudo de soga. Me llamó:

    – Tío, me tienes que hacer un favor. – dijo por teléfono.- Tú sabes de todo y si no, sabes cómo hacerlo.

    -Sí, dime- contesté.

    -Necesito que me hagas un nudo.

    -¿Un nudo?

    -Sí, un nudo para una soga, como para ahorcar a alguien…-dijo casi llorando.

    -Ok, pero sabes que todo tiene un precio.- le dije. No suelo hablarles de las consecuencias a mis “clientes”, no podría, no las controlo.

    Vino a mi casa en un par de horas, y en ese tiempo ya era el mayor experto del mundo en nudos de soga. El precio: una mamada.

    Me miró con asco mientras me bajaba la cremallera y mi polla erecta señalaba hacia su boca.

    -¿Quieres el nudo?- le pregunté.- Yo lo veo un precio justo.

    Accedió, me corrí sobre su cara, su pelo. Cuando acabó le dí un beso en la frente y su nudo.

    Ese mismo día me llamó otra amiga, también quería un nudo… A ésta le dije de quedar en el aeropuerto. Nunca me la habian comido en el baño de un aeropuerto, me daba mucho morbo. Soy una persona justa: el precio sería el mismo.

    Justo antes de entrar al baño mi otra amiga me mandó un mail, tenía todo preparado: marido narcotizado y su cuello decorado con un precioso nudo.

    No fue hasta la noche cuando me enteré, por un amigo común, de que el plan perfecto había salido mal. La consecuencia: el marido hijo de puta con una ligera brecha en la cabeza y ella con el espinazo roto, tetrapléjica… No me preguntéis cómo. Son las consecuencias.

    Desde pequeño me dí cuenta de que tenía esta habilidad: pedidme cualquier cosa, yo os la puedo conseguir, pero me lo cobro y no les hablo de las consecuencias.

    La primera vez fue en el instituto: la mejor alumna de clase necesitaba sacar un sobresaliente para ir a una convención en Francia de no sé qué hostias, le hacía mucha ilusión. Muy buena estudiante pero muy insegura. Me pidió que le consiguiera las preguntas del examen. Todo se puede conseguir si conoces a las personas adecuadas. Mi precio: verle las tetas. Las consecuencias: a la convención le acompañó nuestro tutor, éste cautivado por los encantos de mi compañera con ayuda del alcohol la violó. La pobre chica abandonó los estudios, la depresión se apoderó de ella y con ella las ganas de no vivir: se suicidó a los pocos meses.

    Así empezó mi gran historia como conseguidor, mi fama se fue extendiendo: una cantante con talento pero sin contactos, se los conseguí. Precio: el mejor polvo que he echado en mi vida. Consecuencias: tras triunfar con su primer disco llegaron los conciertos, una estructura mal montada, un poco de viento y ahí acabó su exitosa pero breve carrera. Un cadáver bonito sin duda.

    Pensad en todas esas personas famosas de las que se habla que han muerto antes de tiempo: deportistas, cantantes, actores, periodistas… Todas me han pedido algo, todas han pagado mis honorarios: mamadas, pajas, sodomizaciones… y todas han tenido sus consecuencias: accidentes de tráfico, sobredosis, accidentes caseros…

    He de reconocer que me gusta poner el precio, pero con lo que más disfruto es con ver las consecuencias: la vida es una puta muy creativa, nunca sabes como les va a sorprender.

    Soy justo, la vida es justa. Muchas veces me niego a hacer favores a algunas personas, no se merecen las consecuencias. Si no te hago un favor es porque te aprecio, de verdad, no te lo tomes a mal…

* * * * *

“Dos muertos hallados en extrañas circunstancias ”

Redacción Local | Madrid | 14 de Junio de 2014.

    J. F., varón de 32 años y M. A., mujer de 43, fueron encontrados por la asistenta del primero en su casa. Esta a acudir a realizar la limpieza semanal encontró los dos cuerpos desnudos y ahorcados. La policía investiga si se trata de un juego sexual llevado hasta las últimas consecuencias, aunque no descarta otras líneas de investigación.

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Casuales

    -¡Espere!- gritó el taxista.

    Kitty paró su carrera bruscamente y giró sobre sí misma, dejando la puerta de la terminal 4 a su espalda. Habitualmente no partidaria de usar taxis pero esta vez el trabajo, como otras muchas veces, se había complicado y el transporte público no era una opción para llegar a tiempo al aeropuerto.

    El conductor le hacía señales desde el interior del coche.

    “¿He pagado?”- se preguntó. Sí, había pagado, en su mano derecha todavía tenía el cambio y el ticket, con las prisas no lo había guardado, colgado de su brazo izquierdo la pequeña maleta donde había guardado su ropa de trabajo. “¿Qué será entonces?”

    Asomado a la ventanilla el taxista agitaba un objeto. Kitty lo reconoció y salió corriendo hacia el taxi.

    -Su paraguas, aunque parece que no lo va a necesitar – la cara del chofer reflejaba una mueca entre sorprendida y burlona.

    Los cuarenta grados a la sombra y el cielo totalmente despejado querían darle la razón.

    -Gracias, nunca se sabe cuando uno de estos va a ser útil- contestó Kitty seria.- Soy un desastre.

    Recogió el paraguas y le dió un euro en agradecimiento.

    -Muchas gracias de nuevo.- Salió corriendo hacia la puerta de la terminal.

    El taxista arrancó el taxi, no sin antes volver a devorarla con la vista. No había empezado mal el día: una carrera hasta el aeropuerto, un euro de propina y una clienta muy provocativa que se había cambiado de ropa en medio de la M-40. De bibliotecaria a chica sexy.

“Esas tetas se merecen una buena paja.”-pensó mientras se le calaba el coche.

* * * * *

    Pepper, nervioso, mira sin parar su reloj, saca el móvil de su bolsillo, lo enciende, mira la hora. Se levanta, estira su camiseta.

    “¿Se verá bien el dibujo?”- se pregunta mientras vuelve a mirar alrededor.- “¿Lo reconocerá?”

    Sigue buscando con la mirada a Kitty. Nada le da una pista de quién puede ser.

    Enciende el móvil de nuevo. Accede a la web y revisa sus mensajes.

    El último de Kitty: “Ok, a las 18:30 en salidas de la terminal 4. Tú el sargento Pepper, eres raro que lo sepas, y yo Hello Kitty. Bss”.

    Sentado ve pasar a docenas, cientos de candidatas a ser Kitty, pero ninguna parece serlo, algunas desea que no lo sean.

    -A sus órdenes, mi sargento.

Una chica rubia, vestida con una camisa blanca casi transparente y unos pantalones vaqueros cortos se cuadra con mueca divertida delante de Pepper. Señala el dibujo de la camiseta, es la portada del disco Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de The Beatles.

-Soy Kitty.- dice mientras agita un paraguas, lleva impreso un dibujo de Hello Kitty.

-Hola Kitty.

Pepper se levanta para darle dos besos. Kitty se retira, se gira y señala hacia los baños.

-Vamos.

Pepper la sigue con la mirada, Kitty se da vuelta y le ordena con sus ojos que le siga.  Obedece y entran en los baños. Ella se dirige al baño de mujeres, él se para. Le vuelve a ordenar con la vista que le siga.

Entran, no hay nadie.  Kitty abre la puerta de un váter, Pepper entra, se queda inmóvil, expectante. Kitty cierra la puerta, rebusca en la maleta, saca una pequeña bolsa y se prepara una raya de coca sobre la cisterna. Mira a Peeper.

-¿Tú no le das?- le pregunta.

    -No…- contesta Pepper

-Ya te dije: eres un tío raro.

Kitty esnifa con ansia. Cuando acaba se abre la camisa dejando ver sus pechos.

-Vamos.

Pepper se acerca lentamente. Kitty le mira con sonrisa burlona, va a su encuentro, busca su boca con sus labios. Sus lenguas juegan al escondite mientras la excitación de sus sexos va en aumento.

Pepper siente los pezones de Kitty en su pecho, los desea, los busca, nota su dureza entre sus dientes. Kitty le aparta, dirige sus dedos hacia las bermudas de Pepper, las baja lentamente: le espera una gran erección, juega con ella, primero con sus manos, después su labios luchan contra ella. Para.

-Tranquilo- le dice mientras se baja el vaquero. Pepper desea su sexo, lo acaricia, humedece sus dedos en su interior. Sus lenguas se vuelven a fundir.

-Vamos- le dice Kitty mientras le da un preservativo.

Pepper, nervioso, se lo pone y empieza el baile de caderas. Se sienten, se aman, se desean, acaban en un abrazo.

Pepper susurra Kitty: “¿Cómo te llamas?”

-Para ti: Kitty- contesta Kitty todavía excitada.

-Ya… Digo… bah, olvídalo.- Pepper la abraza más fuerte.

Kitty al sentir la presión, se revuelve, se zafa, le empuja, se separa de él.

-No lo vuelvas a hacer.- el  deseo de su cara se ha transformado en pánico.

-¿Qué…?- Pregunta Pepper perplejo.

Kitty le abofetea con todas sus fuerzas, una gota de sangre cae del labio de Pepper.

-¡Vete!- grita Kitty.

-¿Qué…?

-Vete o grito que me has violado.- chilla.- Vete…

Pepper se aleja de ella, la mira, está sentada sobre la taza mirando al suelo, se coloca la  ropa, coge su maleta y sale del váter.

* * * * *

Pablo salió corriendo del aeropuerto. “Está loca”, pensaba mientras buscaba un taxi. Su primer día en Madrid estaba siendo de lo más raro: sexo con una desconocida y amenazas de denuncia de violación. Durante el viaje a lo que iba a ser su residencia, no paraba de darle vueltas: “¿Y si me denuncia…? No, no sabe nada de mí, ni siquiera cómo me llamo… ¿Y a través de la web…? ¿Me pueden localizar?”

Lo primero que hizo nada más recoger las llaves fue conectarse a la web, el perfil de Kitty ya no existía, lo había borrado. Suspiró aliviado.

Siguió frecuentando la web de contactos con mayor o menor fortuna: la señorita Pocahontas tenía un culo increíble, repitieron varias veces. Peggy fue un auténtico fracaso, nada más identificarla en el centro comercial cerró su chaqueta escondiendo al Sargento Pepper e hizo mutis por el foro sin ningún remordimiento. Buffy con sus cruces, estacas y toda su parafernalia de cazavampiros, no era muy guapa pero sí muy viciosa. ¡Qué tetas tenía! Para perderse en ellas, dormir y nunca despertar.

No le iba mal: trabajo estable y sexo casual. “La felicidad está en estas pequeñas cosas” se repetía.

El otoño estaba siendo lluvioso, le gustaba caminar bajo la lluvia mientras veía a la gente correr despavorida buscando un refugio, le divertía. En uno de esos húmedos paseos vio un paraguas que le resultó familiar.

-¡Kitty!-gritó mientras corría detrás de él.

El paraguas se giró. Bajo él se ocultaba una chica, Pablo respiró aliviado, no era Kitty.

-Perdona, me he equivocado…-se excusó Pablo- una amiga tiene un paraguas igual.

-Ah, no pasa nada-respondió.-¡Cómo cae! Oye, una pregunta, estoy un poco perdida. ¿Sabes dónde está el número 7 de la calle Antonio López?

-Sí, está por… espera, yo vivo ahí, si quieres te acompaño…

La causalidad, esa broma pesada del destino, hizo que la desconocida, Sonia, fuera la próxima inquilina del portal de Pablo.

El paso de vecinos a amigos fue casi instantáneo. De amigos a pareja tardó más pero al final llegó tal como deseaba Pablo.

Los encuentros casuales fueron disminuyendo a favor de una relación estable ¿Qué más casual que su encuentro con Sonia? Pocahontas, Peggy, Buffy y otras de las que ni siquiera sabía su nombre deberían olvidarse del Sargento Pepper.

-¿Recuerdas cómo nos conocimos?-preguntó Sonia tumbada en la cama.

Pablo contestó desde el baño.

-Sí, cariño ¿Cómo lo iba a olvidar? Te confundí con una amiga… Por el paraguas…

Sonia lanzó una estridente carcajada.

-Sí, el paraguas. Me encanta ese paraguas.- dijo Sonia.- ¿Sabes? Me lo regaló mi hermana. Me encanta Hello Kitty ¡Qué susto me llevé una vez! Un día, no se porqué, se lo llevó, en pleno verano, a veces hace cosas raras, y cuando volvió no lo traía ¿A que no sabes dónde lo había perdido?

-No.

-Pues al final lo encontramos en objetos perdidos de Barajas, ya te digo, es rara…

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Son los pequeños detalles

-Tio, se me ha ocurrido una idea genial para nuestro plan para dominar el mundo.
-¿Ya estás con esas gilipolleces?- replicó Frank mientras apagaba el cigarro en el cenicero.
-¡Qué sí! Que esta es la definitiva- respondió Peter emocionado.
-Peter, nunca vamos a dominar el mundo. Miranos, ahora estamos sentados en una terraza cubierta esperando que deje de llover para volver al curro ¿Dos personas que van a dominar el mundo estarían haciendo ahora esto…?
-Espera ¿Desde cuándo nos conocemos?-el entusiasmo de Peter iba en aumento.
-Tio ¿Y a qué viene eso? Y baja la voz, que estás dando la nota otra vez.
-Responde, tio ¿Desde cuándo nos conocemos?-insistió Peter.
-Pues dos años, más o menos- contestó Frank sin mucho entusiasmo- sí, me acuerdo cuando llegaste al proyecto, tenías una pinta de friki que tiraba para atrás y sí: el hábito hace al monje…
– Y cuándo hemos discutido ¿por qué ha sido?- continuó Peter en un susurro.
-Pues, yo que sé… por tonterías, supongo….
-A eso voy, por pequeños detalles ¿no?
-Tio, te dispersas…
-Déjame que siga… ¿Ves al tio ese que está vendiendo paraguas a la salida del metro?- señaló a un vendedor ambulante.
-Sí, pero no señales….
-El tio ese debe vender cientos de paraguas cuando se pone a llover.
-¿Tu plan es dominar el mundo vendiendo paraguas? Necesitas unas vacaciones ya.
-Espera… sólo es parte del plan… La gente compra los paraguas y ni los mira, los abre para cubrirse y siguen su camino…
-Sí, sí.
-Ahora unimos los dos conceptos: discutir por tonterías y paraguas.
-No te sigo, estás muy jodido…
-Espera… Y si en los paraguas pusieran insultos o frases ofensivas para otros… El que lleva el paraguas ni lo vería. Imaginate paraguas que digan “Maricones de mierda” y que se vendan en Chueca, o “Vikingos cabrones” en la puerta del Bernabeu.
-Sí, si, o “Negratas de mierda” en el Bronx, como en la jungla 3.
-Ahí le has dado, la gente empezaría a discutir por esos pequeños detalles. Imaginate miles, millones de discusiones, peleas a la vez ¡El caos!- Frank volvió a subir la voz- Disturbios, asesinatos…
-Vale y entonces ¿qué haríamos nosotros para dominar el mundo?- preguntó Peter excitado.
-Esa parte del plan la tengo que madurar… Parece que ha dejado de llover ¿vamos a currar?

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Como perdí mi gran oportunidad

La telebasura todavía no era el género preferido y predominante en la televisión española, pero empezaba a despuntar. Programas como “Esta noche cruzamos el misisipi” y “Mamma mia” creaban contenidos de la nada, de la basura, del sufrimiento, de famosos de primera y segunda clase.

Llenar horas y horas de este tipo de programación debía ser complicado y surgieron un nuevo tipo de personajes televisivos: “Los frikis”. Dentro de esta categoría destacaban la pandilla de la pseudocantante Tamara Seisdedos (luego llamada Ambar y más tarde Yurena). Esta además de la mencionada estaba formada por otros singulares personajes: Paco Porras (vidente especializado en leer en futuro en vegetales), Tony Genil (cantante de los años 70 venido a menos, mucho menos), Loli Álvarez (también pseudocantante) y Leonardo Dantés (antaño compositor de éxito).

Era verano y los programas de tarde tenían un espacio que rellenar. En Telemadrid empezó a tener cierto peso la pandilla basura. Discusiones sobre la autoría de la canción del verano (“No cambié”), embarazos, abortos e incluso estrellaron un coche en la Cibeles en su afán de conseguir sus quince minutos de gloria.

Telemadrid no desperdiciaba la oportunidad y les daba más y más minutos de su programación. Leonardo Dantés era uno de los que más salía. Su madre vivía en mi barrio, a unos tres bloques de donde yo con mis padres. Los equipos de televisión aprovechaban la tranquilidad de mi barrio y a las vecinas como extras gratuitos para realizar reportajes o videoclips casposos a Leonardo

Por esa época Fernando, uno de mis mejores amigos, por motivos de trabajo había estado fuera de Madrid durante todo el verano y no sabía nada del fenómeno televisivo que se había montado alrededor de estos personajes.

Fernando volvió a Madrid. Una tarde-noche decidimos ir al único pub del barrio: “La Senda”, ahora reconvertido en una empresa de compra-venta de pisos, eso es tener visión de futuro.

Mientras tomábamos una copa, entró en el pub Leonardo Dantés.

-Mira, ese el tio de la tele- le dije a Fernando.
-¿Quién?- contestó, obviamente Fernando no sabía nada de estos individuos: donde había estado no se veía Telemadrid.

Le conté a grandes rasgos las andanzas de los personajes. Cuando Leonardo iba a salir por la puerta le llamó.

– ¡Leonardo!

Leonardo se giró y nos miró con sorpresa, se acercó a la mesa donde estábamos sentados.

-Siéntate que te invitamos a una copa.- dijo Fernando.

Buscó una silla y se sentó con nosotros.

Estuvimos hablando sobre el mundo del espectáculo, sobre los montajes para la tele, nos reconoció que parte de lo que ponían de las discusiones entre los miembros de la pandilla estaba acordado previamente. También nos habló sobre su vida pasada, cuando era un compositor reconocido: había compuesto para los más grandes: Lola Flores, Los Chunguitos…

Le invitamos a otra copa.

-¿Sabes? A mi me gustaría conocer el mundo este del espectáculo- le dije- Ir a alguna fiesta y esas cosas.

-¿Sí? Pues cuando haya una te llamo y te vienes- me dijo.

Seguimos hablando y bebiendo. Cuando llegó la hora de despedirnos me pidió el número de móvil, por esas jugarretas de la mente y el alcohol yo no lo recordaba por lo que le di el de casa de mis padres.

Ya prácticamente me había olvidado de toda la historia cuando un domingo, al llegar a casa de mis padres (volvía del cine de ver X-men) el teléfono estaba sonando.

-¿Sí?- contesté.

-¿Paco? Soy Leonardo.

-¿Quien?

-Leonardo, estuvimos el otro día tomando unas copas.

Os podeis imaginar mi cara de circunstancias.

-Ah, sí, dime.

-Te llamaba porque mañana tengo grabación de un disco, por si te quieres venir.

    -Ehhhh…. Esto… ¿A qué hora?
– Por la tarde, empezaremos sobre las cinco.
-Esto… no, no puedo por la tarde trabajo- Lo cual era cierto, por esa época yo era profesor de informática de clases extraescolares en un colegio y en un instituto.
-Bueno, otra vez será, ya te llamaré.

No me ha vuelto  a llamar.

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Novela a la vista

Ya os he comentado alguna vez que mi nueva ilusión es escribir una novela y que tenía dos ideas, una de ella está totalmente desechada por ahora. Desafortunadamente entre el trabajo y el blog no le estoy dedicando el tiempo que debería. Mi idea es tenerla acabada el año que viene y si tiene un mínimo de calidad publicarla con ayuda de Rafa. También cuento con la ayuda de Cris como correctora ortográfica.

Me gustaría que me dieseis vuestra opinión de lo poco que llevo escrito. Aquí lo tenéis:


Te va a encantar

    Estrella siempre venía a casa sobre la misma hora, hoy se retrasaba más de la cuenta, me pareció raro, hubiese llamado para decirme que llegaba tarde o que no venía a comer. La esperaba con la con la mesa puesta. Volví a llamarla: desconectado o fuera de cobertura. Por fín se escuchó como abría la puerta. Fui a su encuentro.

    – Por fin…¿Dónde te habías metido? Te he llamado unas cien veces.- Le dije mientras se dirigía a la habitación a cambiarse de ropa, intentando que no se me notara mucho mi preocupación. La seguí.

    – Ni me hables, me he dejado el móvil cargando en la oficina. Además hemos estado parados más de media hora dentro del autobús… Menudo día de mierda ¿Te acuerdas del proyecto que ya tenía casi colocado? Al final no ha salido… mierda de recortes.

    – No te preocupes, saldrá otro.- Le contesté sin mucha convicción mientras la abrazaba. La besé.

    – Sí, otro…- me sonrió.- Venga, no seas pesado y déjame cambiarme tranquila. Me estás dando calor, ve sirviendo la mesa, anda.

    La volví a besar y fui a la cocina a sacar la comida del horno.

– ¿Sabes? Hoy he pasado por delante del Niágara…- me gritó desde la habitación.

– ¿Y eso?- respondí desde la cocina.

Nos conocimos en el Niágara, un pequeño pub de barrio, ideal para tomar algo antes de salir de marcha al centro o pasar un sábado gastando lo mínimo atiborrándose de pipas y cerveza aguada. Teníamos cerca de 20 años, supongo que ella ya se había fijado en mí antes de esa noche. Me pidió un cigarro y fuego. Mientras se lo encendía me di cuenta que era la primera vez que fumaba. Lo confirmó su cara y la tos que soltó con la primera calada.

– La manifestación… Ya te he dicho: después de tenernos parados al final alguien ha pensado y han desviado el autobús, nos han dejado enfrente. Hace mucho tiempo que no vamos… Han vuelto a pintar el cartel en la pared ¿Sabes si ha vuelto Miguel?

Miguel por aquella época era uno de mis mejores amigos, su padre, el señor Miguel era el dueño. Cuando cumplió 18 años pasó a hacerse cargo del negocio. Entre Eva, su hermana y él reformaron el local, convirtiendo el bar familiar de menús del día en el Niágara. El nombre se lo puso Eva, era la película que estaban poniendo en la televisión cuando su padre les dijo que a partir de ese momento era responsabilidad suya el bar. ‘Es lo único que os puedo dejar.’ Les dijo con la solemnidad que requería la ocasión.

El novio de Eva, Alfredo, un vago redomado pero con mucho talento artístico, decoró el local: pintó miles de cuadros imitando los carteles de cine de los años 50 y 60. El motivo central de todos ellos era Marilyn. En la pared exterior, pegado a la puerta, reprodujo con una exactitud inquietante el cartel de la película que le daba nombre.

-¿Qué manifestación?- Le pregunté, intentando si no llevar la conversación a mi terreno, por lo menos evitar que el torrente de recuerdos siguiera fluyendo.- Ya está lista la comida.

– Creo que era algo de los niños esos, los que desaparecieron, pero no me hagas mucho caso, no me paré… Podíamos pasar este fin de semana y ver si está Miguel.- apareció en el comedor y se sentó, mientras le servía.

El Niágara, Miguel, niños… niños desaparecidos..

– No creo que haya vuelto, seguro que alguien lo ha alquilado y quiere aprovechar el tirón de hace años…

Hacía más 10 años que no sabía nada de Miguel, Eva o Alfredo.

– Bueno, da igual, podemos ir. Recordar los viejos tiempos ¿Y si ha vuelto Miguel?

– ¿Y si no ha vuelto? – Por nada del mundo quería volver al Niágara, ni volver a verlos..

– Si no ha vuelto, pues nada. A lo mejor lo lleva alguien conocido y puede que te deje poner alguna copa, como cuando nos conocimos. Te va a encantar.

Miguel, su hermana y su novio atendían el pub a diario, de ocho y media de la tarde que abrían hasta que conseguían hacer recordar al último borracho que tenía una casa. Los viernes, sábados y festivos les echaba una mano.

– Ya veremos, Estrella, ya veremos. Come, que se te va a quedar frío.

* * * * *

“Sólo queremos volver a verlos, sin preguntas”

  • Se cumple un mes de la desaparición.

  • La policía mantiene abiertas varias líneas de investigación.

  • Se tienen previstas manifestaciones todos lunes hasta que aparezcan los pequeños.

Redacción Local | Madrid | 14 de Junio de 2014.

La manifestación convocada por la asociación S.O.S. Niños y encabezada por Manuel García e Isabel Santiago, padres de respectivamente de Ángela y Eduardo, contó con la participación de 100 vecinos. Ésta transcurrió pacíficamente entre el colegio Miguel Severt y la Junta de Distrito de Latina. Tan sólo un grupo de participantes se enfrentó a los agentes del orden que vigilaban la marcha profiriendo insultos y reproches. Éstos fueron acusados de pasividad y falta de diligencia en el caso por los manifestantes. Afortunadamente estas quejas e insultos no pasaron a mayores.

Al final de la marcha Manuel García expresaba su agradecimiento a los vecinos que acudieron y afirmó que las manifestación continuarán todos los lunes hasta su reaparición. Preguntado sobre los motivos de la desaparición o si tenía alguna sospecha de los sucedido contestó: “Sólo queremos volver a verlos, sin preguntas”. Ángela, madre de Eduardo, no pudo hacer declaraciones debido al estado en el que se encontraba.

Cumplido un mes de la desaparición, la policía afirma que tiene abiertas varias líneas de investigación recogidas bajo el secreto de sumario.

* * * * *

El trabajo en el Niágara no me proporcionaba grandes beneficios, nunca me gustó trabajar detrás de un barra, pero me permitía cierta independencia económica, además, en aquella época Miguel y Eva eran como hermanos para mí. Para lo bueno y lo malo.

* * * * *

A mediodía, una patrulla de policía se había presentado en casa de Luis y Estrella. El inspector Suárez reclamaba la presencia de Luis para realizarle unas preguntas.

Luis, no muy sorprendido, accedió a las peticiones de los agentes y los acompañó a la comisaría.

Una vez allí, le hicieron esperar durante más de media hora. Por fin le indicaron que pasase a un pequeño despacho. Los dos agentes le acompañaron.

Sentado en su mesa, rodeado de papeles, el inspector Suárez le miró de arriba a abajo.

– Le agradecemos su colaboración. Siéntese, por favor- dijo el inspector mientras le señalaba una silla enfrente de la suya.- No le robaré mucho tiempo. Agentes, muchas gracias. Pueden retirarse.

Los agentes abandonaron la sala.

– Espero que mi colaboración sea fructífera.

– ¿Fructífera?- Suárez se rió.- Es habitual escuchar ese vocabulario por aquí.  Como seguramente sabrá, hace un mes desaparecieron unos niños que vivían cerca de usted. Estamos intentando recopilar información entre los vecinos ¿Qué me puede decir sobre el tema?

– Verá… yo trabajo en casa, apenas salgo.

– ¿Le puedo preguntar sobre su trabajo?

– Sí, sin problema. Soy arquitecto.

– Vaya, arquitecto. Se puede decir que ha progresado ¿no? Un amigo en común me dijo que era usted camarero en el Niágara. El inspector Álvarez ¿le recuerda?

* * * * *

Imposible olvidar al inspector Álvarez, un tipo alto, corpulento pero no gordo, la cabeza rapada, perilla rubia y ojos azules. Siempre trajeado aunque en Madrid cayesen los 40 grados veraniegos de rigor. Eva siempre cuando hablábamos de él lo llamaba el espía ruso.

– ¿Qué va a ser, jefe?- le pregunté la primera vez que apareció por el pub.

-¿Cuál es la especialidad de la casa?- me respondió seco, clavando la mirada en mis ojos.

– Luis, déjalo, ya atiendo yo al caballero. – Eva interrumpió.

Casi seguro que era junio, junio del 2010, lo recuerdo porque era viernes y al día siguiente tenía un examen final. Una asignatura optativa. Normalmente durante la época de exámenes no iba a trabajar al Niágara, pero Alfredo, como era habitual en él, había desaparecido días atrás, Miguel estaba fuera de la ciudad, según él por una despedida de soltero en Barcelona. Decidí no dejar sola a Eva esa noche.

Aprovechando que era el único cliente en el bar a excepción de Estrella, salí de la barra y fuí a sentarme a su lado. Siempre que hacía de camarero ella se pasaba la noche sentada en la misma mesa, debajo del cartel donde Laurence Olivier abrazaba a una espectacular Marilyn vestida de rojo mientras ella se dejaba querer, esperándome hasta que cerrábamos. Noté como la mirada del espía ruso me acompañaba.

-¡Joder!- dije mientras me sentaba.

-¿Qué te pasa? – Estrella me cogió de la mano e intentó besarme. Me aparté.

-Sabes que a Eva no le gusta.

– Ya, por eso lo hago. – me besó. – ¿Qué te pasa? Estás helado.- Me frotó la mano.

– El tipo ese. Su mirada me ha dejado mal cuerpo.


A veces veo muertos…

En los veranos teníamos nuestro cuartel general en casa de José, sus padres se iban de vacaciones y le dejaban la casa para él solo (y para nosotros) durante un mes, nosotros nos acoplabamos: prácticamente hacíamos vida entre la calle y su casa. Por la tarde en la calle jugando al futbol, tirados en parque o sentados en los portales discutiendo sobre cualquier cosa que se nos ocurría: chicas, politica, futbol, peliculas… Por las noches solíamos ir su casa y allí tomábamos unas cervezas, unas copas, jugábamos a juegos de mesa, veiamos peliculas o simplemente volvíamos a discutir sobre lo divino y lo humano.

Los fines de semana eran distintos: nos arreglábamos con nuestras mejores galas e íbamos a casa de José a iniciar el calentamiento para salir de marcha. Comprábamos unas botellas de whisky y ron, cuando ya estábamos a tono nos dirigíamos al centro de Madrid, habitualmente a la zona de Huertas, en el barrio de las letras.

Este fin de semana, además de los habituales del barrio, vino también Daniel, un amigo de un amigo, a veces salía con nosotros pero no era de los habituales.

La noche se desarrolló como otras tantas: alcohol, intentos de ligue infortuosos, alcohol… Sobre la una de la madrugada empezaron las deserciones, al final nos quedamos Daniel y yo, que siempre nos apuntábamos a la última.

Nuestra última parada casi siempre era “La Joyería” un bar-discoteca que estaba abierto hasta las 7 de la mañana. Allí conocimos a un par de chicas polacas, preciosas, estaban con unos amigos, Daniel lanzado como siempre les dijo de tomar algo cuando cerraran el bar que ya estaba a punto. Ellas nos dijeron que vale, que les esperasemos fuera que primero se tenían que deshacer de sus amigos…

Salimos fuera sin mucha esperanza de volver a verlas, pero al rato salieron, acompañaron a sus amigos al metro y al rato volvieron. Fuimos a un bar de viejos a seguir con las copas, no muchas porque ya el sueño y el alcohol nos vencían. Intercambiamos los teléfonos con las chicas y nos dirigimos a casa de José a desayunar, ideas de borracho…

La resaca del domingo fue monumental, comí en casa de mis padres y luego me fuí a casa de Jose a martirizarle con mis historias sobre la polaca y mi resaca.

Jose estaba viendo una peli solo, una protagonizada por Billy Crystal y Robin Williams: “Un papá de sobra”, no estaba mal pero mi cabeza no estaba para comedias ligeras, ni para nada…

A mitad de la película tuve que ir al baño, todavía mis riñones y mi hígado estaban haciendo la labor encomiable y complicada de sanear mi cuerpo. Cuando salí vi en el pasillo tres personas caminando delante de mí, mirando al frente: de las tres solo tengo recuerdos vagos: dos hombres y una mujer, el hombre de enmedio llevaba una camiseta a rayas, estilo marinero y la mujer, la más cercana a mí, era rubia y con el pelo rizado. Esta última se volvió y se me quedó mirando fijamente. Cerré los ojos y los atravesé hasta llegar a el salón.

Al entrar en la sala José me dijo: “¿Qué te pasa macho? Estás pálido, ni que hubieses visto un fantasma”.

La mente a veces pasa malas jugadas, lo atribuimos al cansancio, la resaca, los nervios porque había quedado en llamar a Barbara, la preciosa chica polaca que conocimos la noche anterior.

Un poco más tarde llegó Hugo, otro de los habituales, la noche anterior no había salido con nosotros y estaba un poco cabreado porque creía que le habíamos dejado tirado…

-Sois unos cabrones, ayer me pasé por aquí y no me abristeis.
-¿Qué?
-Sí, pasé sobre las doce y no me abristeis.
– Tio, a las doce ya no estábamos aquí, nos fuimos antes.
-Joder, que no, que vi la sombra de una persona pasando por delante de la ventana.

Nunca sabré si fue un fallo de Matrix, una alucinación o que, sólo sé una cosa yo los vi…

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