A veces veo muertos…

En los veranos teníamos nuestro cuartel general en casa de José, sus padres se iban de vacaciones y le dejaban la casa para él solo (y para nosotros) durante un mes, nosotros nos acoplabamos: prácticamente hacíamos vida entre la calle y su casa. Por la tarde en la calle jugando al futbol, tirados en parque o sentados en los portales discutiendo sobre cualquier cosa que se nos ocurría: chicas, politica, futbol, peliculas… Por las noches solíamos ir su casa y allí tomábamos unas cervezas, unas copas, jugábamos a juegos de mesa, veiamos peliculas o simplemente volvíamos a discutir sobre lo divino y lo humano.

Los fines de semana eran distintos: nos arreglábamos con nuestras mejores galas e íbamos a casa de José a iniciar el calentamiento para salir de marcha. Comprábamos unas botellas de whisky y ron, cuando ya estábamos a tono nos dirigíamos al centro de Madrid, habitualmente a la zona de Huertas, en el barrio de las letras.

Este fin de semana, además de los habituales del barrio, vino también Daniel, un amigo de un amigo, a veces salía con nosotros pero no era de los habituales.

La noche se desarrolló como otras tantas: alcohol, intentos de ligue infortuosos, alcohol… Sobre la una de la madrugada empezaron las deserciones, al final nos quedamos Daniel y yo, que siempre nos apuntábamos a la última.

Nuestra última parada casi siempre era “La Joyería” un bar-discoteca que estaba abierto hasta las 7 de la mañana. Allí conocimos a un par de chicas polacas, preciosas, estaban con unos amigos, Daniel lanzado como siempre les dijo de tomar algo cuando cerraran el bar que ya estaba a punto. Ellas nos dijeron que vale, que les esperasemos fuera que primero se tenían que deshacer de sus amigos…

Salimos fuera sin mucha esperanza de volver a verlas, pero al rato salieron, acompañaron a sus amigos al metro y al rato volvieron. Fuimos a un bar de viejos a seguir con las copas, no muchas porque ya el sueño y el alcohol nos vencían. Intercambiamos los teléfonos con las chicas y nos dirigimos a casa de José a desayunar, ideas de borracho…

La resaca del domingo fue monumental, comí en casa de mis padres y luego me fuí a casa de Jose a martirizarle con mis historias sobre la polaca y mi resaca.

Jose estaba viendo una peli solo, una protagonizada por Billy Crystal y Robin Williams: “Un papá de sobra”, no estaba mal pero mi cabeza no estaba para comedias ligeras, ni para nada…

A mitad de la película tuve que ir al baño, todavía mis riñones y mi hígado estaban haciendo la labor encomiable y complicada de sanear mi cuerpo. Cuando salí vi en el pasillo tres personas caminando delante de mí, mirando al frente: de las tres solo tengo recuerdos vagos: dos hombres y una mujer, el hombre de enmedio llevaba una camiseta a rayas, estilo marinero y la mujer, la más cercana a mí, era rubia y con el pelo rizado. Esta última se volvió y se me quedó mirando fijamente. Cerré los ojos y los atravesé hasta llegar a el salón.

Al entrar en la sala José me dijo: “¿Qué te pasa macho? Estás pálido, ni que hubieses visto un fantasma”.

La mente a veces pasa malas jugadas, lo atribuimos al cansancio, la resaca, los nervios porque había quedado en llamar a Barbara, la preciosa chica polaca que conocimos la noche anterior.

Un poco más tarde llegó Hugo, otro de los habituales, la noche anterior no había salido con nosotros y estaba un poco cabreado porque creía que le habíamos dejado tirado…

-Sois unos cabrones, ayer me pasé por aquí y no me abristeis.
-¿Qué?
-Sí, pasé sobre las doce y no me abristeis.
– Tio, a las doce ya no estábamos aquí, nos fuimos antes.
-Joder, que no, que vi la sombra de una persona pasando por delante de la ventana.

Nunca sabré si fue un fallo de Matrix, una alucinación o que, sólo sé una cosa yo los vi…

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3 respuestas a “A veces veo muertos…”

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