Son los pequeños detalles

-Tio, se me ha ocurrido una idea genial para nuestro plan para dominar el mundo.
-¿Ya estás con esas gilipolleces?- replicó Frank mientras apagaba el cigarro en el cenicero.
-¡Qué sí! Que esta es la definitiva- respondió Peter emocionado.
-Peter, nunca vamos a dominar el mundo. Miranos, ahora estamos sentados en una terraza cubierta esperando que deje de llover para volver al curro ¿Dos personas que van a dominar el mundo estarían haciendo ahora esto…?
-Espera ¿Desde cuándo nos conocemos?-el entusiasmo de Peter iba en aumento.
-Tio ¿Y a qué viene eso? Y baja la voz, que estás dando la nota otra vez.
-Responde, tio ¿Desde cuándo nos conocemos?-insistió Peter.
-Pues dos años, más o menos- contestó Frank sin mucho entusiasmo- sí, me acuerdo cuando llegaste al proyecto, tenías una pinta de friki que tiraba para atrás y sí: el hábito hace al monje…
– Y cuándo hemos discutido ¿por qué ha sido?- continuó Peter en un susurro.
-Pues, yo que sé… por tonterías, supongo….
-A eso voy, por pequeños detalles ¿no?
-Tio, te dispersas…
-Déjame que siga… ¿Ves al tio ese que está vendiendo paraguas a la salida del metro?- señaló a un vendedor ambulante.
-Sí, pero no señales….
-El tio ese debe vender cientos de paraguas cuando se pone a llover.
-¿Tu plan es dominar el mundo vendiendo paraguas? Necesitas unas vacaciones ya.
-Espera… sólo es parte del plan… La gente compra los paraguas y ni los mira, los abre para cubrirse y siguen su camino…
-Sí, sí.
-Ahora unimos los dos conceptos: discutir por tonterías y paraguas.
-No te sigo, estás muy jodido…
-Espera… Y si en los paraguas pusieran insultos o frases ofensivas para otros… El que lleva el paraguas ni lo vería. Imaginate paraguas que digan “Maricones de mierda” y que se vendan en Chueca, o “Vikingos cabrones” en la puerta del Bernabeu.
-Sí, si, o “Negratas de mierda” en el Bronx, como en la jungla 3.
-Ahí le has dado, la gente empezaría a discutir por esos pequeños detalles. Imaginate miles, millones de discusiones, peleas a la vez ¡El caos!- Frank volvió a subir la voz- Disturbios, asesinatos…
-Vale y entonces ¿qué haríamos nosotros para dominar el mundo?- preguntó Peter excitado.
-Esa parte del plan la tengo que madurar… Parece que ha dejado de llover ¿vamos a currar?

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Novela a la vista

Ya os he comentado alguna vez que mi nueva ilusión es escribir una novela y que tenía dos ideas, una de ella está totalmente desechada por ahora. Desafortunadamente entre el trabajo y el blog no le estoy dedicando el tiempo que debería. Mi idea es tenerla acabada el año que viene y si tiene un mínimo de calidad publicarla con ayuda de Rafa. También cuento con la ayuda de Cris como correctora ortográfica.

Me gustaría que me dieseis vuestra opinión de lo poco que llevo escrito. Aquí lo tenéis:


Te va a encantar

    Estrella siempre venía a casa sobre la misma hora, hoy se retrasaba más de la cuenta, me pareció raro, hubiese llamado para decirme que llegaba tarde o que no venía a comer. La esperaba con la con la mesa puesta. Volví a llamarla: desconectado o fuera de cobertura. Por fín se escuchó como abría la puerta. Fui a su encuentro.

    – Por fin…¿Dónde te habías metido? Te he llamado unas cien veces.- Le dije mientras se dirigía a la habitación a cambiarse de ropa, intentando que no se me notara mucho mi preocupación. La seguí.

    – Ni me hables, me he dejado el móvil cargando en la oficina. Además hemos estado parados más de media hora dentro del autobús… Menudo día de mierda ¿Te acuerdas del proyecto que ya tenía casi colocado? Al final no ha salido… mierda de recortes.

    – No te preocupes, saldrá otro.- Le contesté sin mucha convicción mientras la abrazaba. La besé.

    – Sí, otro…- me sonrió.- Venga, no seas pesado y déjame cambiarme tranquila. Me estás dando calor, ve sirviendo la mesa, anda.

    La volví a besar y fui a la cocina a sacar la comida del horno.

– ¿Sabes? Hoy he pasado por delante del Niágara…- me gritó desde la habitación.

– ¿Y eso?- respondí desde la cocina.

Nos conocimos en el Niágara, un pequeño pub de barrio, ideal para tomar algo antes de salir de marcha al centro o pasar un sábado gastando lo mínimo atiborrándose de pipas y cerveza aguada. Teníamos cerca de 20 años, supongo que ella ya se había fijado en mí antes de esa noche. Me pidió un cigarro y fuego. Mientras se lo encendía me di cuenta que era la primera vez que fumaba. Lo confirmó su cara y la tos que soltó con la primera calada.

– La manifestación… Ya te he dicho: después de tenernos parados al final alguien ha pensado y han desviado el autobús, nos han dejado enfrente. Hace mucho tiempo que no vamos… Han vuelto a pintar el cartel en la pared ¿Sabes si ha vuelto Miguel?

Miguel por aquella época era uno de mis mejores amigos, su padre, el señor Miguel era el dueño. Cuando cumplió 18 años pasó a hacerse cargo del negocio. Entre Eva, su hermana y él reformaron el local, convirtiendo el bar familiar de menús del día en el Niágara. El nombre se lo puso Eva, era la película que estaban poniendo en la televisión cuando su padre les dijo que a partir de ese momento era responsabilidad suya el bar. ‘Es lo único que os puedo dejar.’ Les dijo con la solemnidad que requería la ocasión.

El novio de Eva, Alfredo, un vago redomado pero con mucho talento artístico, decoró el local: pintó miles de cuadros imitando los carteles de cine de los años 50 y 60. El motivo central de todos ellos era Marilyn. En la pared exterior, pegado a la puerta, reprodujo con una exactitud inquietante el cartel de la película que le daba nombre.

-¿Qué manifestación?- Le pregunté, intentando si no llevar la conversación a mi terreno, por lo menos evitar que el torrente de recuerdos siguiera fluyendo.- Ya está lista la comida.

– Creo que era algo de los niños esos, los que desaparecieron, pero no me hagas mucho caso, no me paré… Podíamos pasar este fin de semana y ver si está Miguel.- apareció en el comedor y se sentó, mientras le servía.

El Niágara, Miguel, niños… niños desaparecidos..

– No creo que haya vuelto, seguro que alguien lo ha alquilado y quiere aprovechar el tirón de hace años…

Hacía más 10 años que no sabía nada de Miguel, Eva o Alfredo.

– Bueno, da igual, podemos ir. Recordar los viejos tiempos ¿Y si ha vuelto Miguel?

– ¿Y si no ha vuelto? – Por nada del mundo quería volver al Niágara, ni volver a verlos..

– Si no ha vuelto, pues nada. A lo mejor lo lleva alguien conocido y puede que te deje poner alguna copa, como cuando nos conocimos. Te va a encantar.

Miguel, su hermana y su novio atendían el pub a diario, de ocho y media de la tarde que abrían hasta que conseguían hacer recordar al último borracho que tenía una casa. Los viernes, sábados y festivos les echaba una mano.

– Ya veremos, Estrella, ya veremos. Come, que se te va a quedar frío.

* * * * *

“Sólo queremos volver a verlos, sin preguntas”

  • Se cumple un mes de la desaparición.

  • La policía mantiene abiertas varias líneas de investigación.

  • Se tienen previstas manifestaciones todos lunes hasta que aparezcan los pequeños.

Redacción Local | Madrid | 14 de Junio de 2014.

La manifestación convocada por la asociación S.O.S. Niños y encabezada por Manuel García e Isabel Santiago, padres de respectivamente de Ángela y Eduardo, contó con la participación de 100 vecinos. Ésta transcurrió pacíficamente entre el colegio Miguel Severt y la Junta de Distrito de Latina. Tan sólo un grupo de participantes se enfrentó a los agentes del orden que vigilaban la marcha profiriendo insultos y reproches. Éstos fueron acusados de pasividad y falta de diligencia en el caso por los manifestantes. Afortunadamente estas quejas e insultos no pasaron a mayores.

Al final de la marcha Manuel García expresaba su agradecimiento a los vecinos que acudieron y afirmó que las manifestación continuarán todos los lunes hasta su reaparición. Preguntado sobre los motivos de la desaparición o si tenía alguna sospecha de los sucedido contestó: “Sólo queremos volver a verlos, sin preguntas”. Ángela, madre de Eduardo, no pudo hacer declaraciones debido al estado en el que se encontraba.

Cumplido un mes de la desaparición, la policía afirma que tiene abiertas varias líneas de investigación recogidas bajo el secreto de sumario.

* * * * *

El trabajo en el Niágara no me proporcionaba grandes beneficios, nunca me gustó trabajar detrás de un barra, pero me permitía cierta independencia económica, además, en aquella época Miguel y Eva eran como hermanos para mí. Para lo bueno y lo malo.

* * * * *

A mediodía, una patrulla de policía se había presentado en casa de Luis y Estrella. El inspector Suárez reclamaba la presencia de Luis para realizarle unas preguntas.

Luis, no muy sorprendido, accedió a las peticiones de los agentes y los acompañó a la comisaría.

Una vez allí, le hicieron esperar durante más de media hora. Por fin le indicaron que pasase a un pequeño despacho. Los dos agentes le acompañaron.

Sentado en su mesa, rodeado de papeles, el inspector Suárez le miró de arriba a abajo.

– Le agradecemos su colaboración. Siéntese, por favor- dijo el inspector mientras le señalaba una silla enfrente de la suya.- No le robaré mucho tiempo. Agentes, muchas gracias. Pueden retirarse.

Los agentes abandonaron la sala.

– Espero que mi colaboración sea fructífera.

– ¿Fructífera?- Suárez se rió.- Es habitual escuchar ese vocabulario por aquí.  Como seguramente sabrá, hace un mes desaparecieron unos niños que vivían cerca de usted. Estamos intentando recopilar información entre los vecinos ¿Qué me puede decir sobre el tema?

– Verá… yo trabajo en casa, apenas salgo.

– ¿Le puedo preguntar sobre su trabajo?

– Sí, sin problema. Soy arquitecto.

– Vaya, arquitecto. Se puede decir que ha progresado ¿no? Un amigo en común me dijo que era usted camarero en el Niágara. El inspector Álvarez ¿le recuerda?

* * * * *

Imposible olvidar al inspector Álvarez, un tipo alto, corpulento pero no gordo, la cabeza rapada, perilla rubia y ojos azules. Siempre trajeado aunque en Madrid cayesen los 40 grados veraniegos de rigor. Eva siempre cuando hablábamos de él lo llamaba el espía ruso.

– ¿Qué va a ser, jefe?- le pregunté la primera vez que apareció por el pub.

-¿Cuál es la especialidad de la casa?- me respondió seco, clavando la mirada en mis ojos.

– Luis, déjalo, ya atiendo yo al caballero. – Eva interrumpió.

Casi seguro que era junio, junio del 2010, lo recuerdo porque era viernes y al día siguiente tenía un examen final. Una asignatura optativa. Normalmente durante la época de exámenes no iba a trabajar al Niágara, pero Alfredo, como era habitual en él, había desaparecido días atrás, Miguel estaba fuera de la ciudad, según él por una despedida de soltero en Barcelona. Decidí no dejar sola a Eva esa noche.

Aprovechando que era el único cliente en el bar a excepción de Estrella, salí de la barra y fuí a sentarme a su lado. Siempre que hacía de camarero ella se pasaba la noche sentada en la misma mesa, debajo del cartel donde Laurence Olivier abrazaba a una espectacular Marilyn vestida de rojo mientras ella se dejaba querer, esperándome hasta que cerrábamos. Noté como la mirada del espía ruso me acompañaba.

-¡Joder!- dije mientras me sentaba.

-¿Qué te pasa? – Estrella me cogió de la mano e intentó besarme. Me aparté.

-Sabes que a Eva no le gusta.

– Ya, por eso lo hago. – me besó. – ¿Qué te pasa? Estás helado.- Me frotó la mano.

– El tipo ese. Su mirada me ha dejado mal cuerpo.


Mordisco o trato: Un relato de Halloween

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Trabajábamos en pleno centro de Madrid, muy cerca del congreso de los diputados, muy cerca de Sol, de la zona de bares de Huertas, esto sumado  a que todos los días, incluidos los viernes, no salíamos antes de las seis de la tarde, hacía que muchos fines de semana y vísperas de festivos nos quedásemos por la zona a tomar unas cervezas, copas y lo que surgiese.

En esa época era becario, fumador empedernido, gran bebedor de fin de semana. Tímido, muy tímido, tanto que me costaba hablar con chicas si no iba ebrio, les tenía pánico… Pelo largo, unos kilos de más, nunca he tenido un cuerpo atlético, pero si he tenido momentos en los que mi peso se adecuaba a mi altura. Gafas (algunos días lentillas). Casi seguro que algún amor platónico me rondaba en la cabeza… Más que una persona parecía un tópico.

Ese año Halloween cayó en jueves. Como muchos otros días salimos del trabajo y fuimos a La oreja de oro, un bar de aspecto cutre pero barato, muy barato, ideal para empezar con unos minis y unas raciones, creo que no hace falta que os diga cuál era la especialidad de la casa.

Cintia, una compañera de trabajo, quizá una de las personas más soñadoras e inocentes que he conocido, había quedado con unas compañeras de piso en el garito, mientras esperábamos las cervezas y el calimocho iba haciendo su efecto. Charlie y yo teníamos muchas ganas de conocerlas. Cintia nos las había vendido como si fueran auténticas diosas: guapas, altas, tipazo.  Impacientes empezamos con las copas, JB con coca-cola para mí, ellas seguían sin dar señales de vida.  Después de unos cuantos whiskys, Cintia recibió una llamada: sus amigas estaban en un bar de la cava baja aunque se iban a ir pronto a casa, también en ellas el alcohol estaba haciendo su efecto.

Nos acabamos las copas de un trago y Cintia, Charlie y yo nos fuimos camino al pub donde habían dicho que estaban, el resto de nuestros compañeros, cansados, dijeron que se tomaban algo por Huertas y se iban a casa.

Llegamos, nos las presentaron: no eran una cosa del otro mundo, Cintia tenía demasiado buen concepto de sus amigas, además estaban con un grupo de tíos revoloteando a su alrededor y cuando acabaron sus bebidas se fueron. Cintia se fue con ellas: Bye diosas, bye tíos (ellos se quedaron en el bar aunque  no nos volvimos a dirigir la palabra: ya no había que marcar territorio).

Camino de más alcohol, diversión y chicas nos encontramos con una relaciones públicas disfrazada de bruja. Nos ofreció llevarnos a un bar e invitarnos a unos chupitos. Entre el pedo y que la chica estaba muy bien accedimos. Nos acompañó hasta un sitio decorado de acorde con la fiesta de Halloween. Allí una camarera disfrazada de vampiro nos sirvió los chupitos prometidos.

–          ¿Esos colmillos son de verdad? – preguntó  Charlie.

–          ¿Quieres probarlos? – se abalanzó sobre el cuello de Charlie y le pegó un pequeño mordisco.

Después me miró y me dijo:

–          ¿Y tú quieres también los quieres probar? – le apartó el cabello y me mordió fuerte, sentía sus colmillos, me dolía pero me reconfortaba.

Cuando acabó le dije ahora me toca a mí y le mordí con ganas, disfrutando de mi nueva afición  vampírica recién descubierta.

Al acabar me volvió a morder, está vez más fuerte, la sensación seguía siendo placentera aunque el dolor me obligó a apartar el cuello de su boca.

Poco más recuerdo de esa noche, probablemente no pasó nada más digno de contar. Charlie y yo no hemos vuelto a hablar del tema. Seguramente seguiríamos de copas hasta las tantas sin ligar ni nada y luego como otras muchas veces llegaríamos a casa milagrosamente sanos y salvos.

El día siguiente lo pasé en cama, me encontraba fatal, con fiebre, lo achaqué a la gran cantidad de bebida que habíamos tomado el día anterior, no me acordaba de casi nada, ni de los mordiscos. Solo me levanté a comer un poco y presionado por mi madre.

Cuando pasados dos días ya me encontraba con fuerzas para ponerme en pie, y realizar un poco de vida normal, decidí ir al peluquero y cortarme las greñas, esas greñas que me habían acompañado durante años. Fue una gran sorpresa descubrir cuando el peluquero me recogió el pelo en una coleta ver reflejado en el espejo un gran moratón en mi cuello.

Rumbo del blog

Hoy hablando con mi particular correctora ortográfica he tenido la siguiente conversación:

Cristina:
cambias el rumbo del blog?
de cuentos a vida personal
yo:
no, sigue siendo una mezcla[…]
te han gustado las últimas entradas]?
Cristina:
sip
aunque personales y melancólicas
yo:
o prefieres los cuentos?
Cristina:
soy más de cuentos

El blog principalmente surgió como un sitio donde publicar mis relatos y en segundo lugar contar mis paranoias. Pero últimamente casi todo son entradas personales.

Y aprovechando que esto permite poner encuestas, os lo voy a preguntar a vosotros:

¿Qué os gusta más los relatos o las historias personales?
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Personajes de carne y hueso

   Me gusta viajar en transporte público, durante el camino escucho música, leo, miro internet, etc. Mucha gente dice que el tiempo que se tarda en ir y venir del trabajo es tiempo perdido, yo muchas veces lo veo como ganado.

   Ahora mismo tardo en condiciones normales entre cincuenta minutos y hora y diez en cada trayecto. Es de pocos momentos que tengo para mí. Ahí le doy vueltas a mis paranoias, ideo nuevas entradas para el blog, nuevas historias que contar en forma de relato o simplemente me dejo acompañar por la música y/o el libro que estoy leyendo. Otras muchas veces alguien o alguna situación me llama la atención y pasa a formar parte dentro de mi cabeza de mi particular reparto imaginario de un cuento que quizá nunca escriba.

   Escribir (o idear historias) inspirándose en personajes de carne y hueso es sentirse un poco como Dios, un Dios que permite su libre albedrío, muchas veces parece que no siguen el hilo de la historia y me obligan a cambiarla, de una historia romántica puede pasar a ser una historia de terror, de un drama familiar a novela policíaca.

   Muchas veces vuelvo a coincidir con las mismas personas que me han inspirado y no puedo reprimir una pequeña sonrisa recordando la vida paralela que han vivido en mi cabeza.