El miedo y el asco convertido en arte: Critica a «Un Bebé»

Es difícil escribir una crítica cuando no puedes ser objetivo: conozco a Rafa personalmente desde hace poco menos de un año: fui a recoger Diarios… a su casa y la admiración que sentía por él como escritor se transformó, aumentada, en admiración por la persona. Me ayudado en incontables ocasiones: desde darme ánimos cuando lo estaba pasando mal en el trabajo, hasta hacer de actor junto a Svieta en una miniobra de teatro que escribí para un curso de escritura creativa. Espero que mi subjetividad no manche esta crítica: le considero un amigo.

    Un bebé es un libro duro, gamberro, con personajes bien definidos y mucha mucha imaginación. La inclusión de los comics es un gran acierto, no sólo por su calidad, si no también por lo que aportan  a la novela: le dan el punto en ocasiones grotesco, otras veces terrorífico o tierno que complementan a la perfección la novela.

 

    La primera parte nos presenta un personaje egoísta sociópata que vive en su autoengaño. Cegado por el poder y la posesión no duda en ceder a sus más bajos instintos para conseguir sus objetivos. El no ama a Mayte, sólo siente que es su propiedad.

 

El resto de los personajes de esta primera parte reflejan a la perfección la España de los años 80’s: lo importante de las apariencias, la hipocresía, etc

 

    Esta primera parte es durá, otro acierto contarla en primera persona. Acabas odiando y sintiendo asco por el protagonista que es lo que el autor pretendía.

 

    La segunda parte es más gore, más terrorífica, pero también muy gamberra. El personaje del bebé después de su catarsis muestra su verdadera cara: un psicópata ¿Hay algo qué pueda dar más miedo que un niño asesino? Grandes genios del terror como Narciso Ibáñez Serrador en ¿Quién puede matar a un niño? y Stephen King en los chicos del maíz ya nos demostraron que pocas cosas más.

 

    Rafa con la inclusión de nuevos personajes reales y ficticios consigue en esta segunda parte una novela gamberra, llena de imaginación, con situaciones surrealistas. Un segunda parte lisérgica.

 

    Ahora toca la parte de los palos: la primera parte me ha gustado más como está escrita, la segunda la veo un poco más floja, creo que la podía haber desarrollado un poco más, pero esto lo compensa perfectamente con la desbordante originalidad.

 

    Y para acabar: ¿En los años 80’s ya había tiendas de chinos donde comprar levadura a altas horas de la noche?

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