De ninguna parte. Reflexiones desde debajo de una manta.

A veces la vida se te escapa entre los dedos de la mano, la solución parece fácil y seguro que lo es: junta los dedos, las manos y no la dejes huir. Lo malo es cuando quieres hacerlo y ya no está ahí: ha resbalado silenciosamente, contando tan con sólo con su peso y nuestra pasividad  ha conseguido escabullirse.

Este post lo tenía pensado escribir hace tiempo, con el inicio del año, planteándome nuevos retos, historias, vivencias. Pero las vacaciones laborales indefinidas a las que me he visto relegado, han contagiado de inactividad a casi todos los aspectos de mi vida. Lo cierto es que creo que me ha venido bien este descanso, físico y mental.

Los que me conoceis, sabeis que el año pasado ha sido un año raro para mi.

Laboralmente: despido disciplinario, juicio que afortunadamente por fortuna no se llegó a celebrar, llegamos a un acuerdo antes, sobre la campana. Nuevo trabajo en el que he durado menos de nueve meses: la crisis y entrar recomendado por un cliente que después dejó de serlo no han sido mis mejores aliados. Estoy desencantado, la informática no es para soñadores, al menos en el mundo de las consultoras. Precisamente, mientras escribo estas líneas, me han dicho que van a hacer un nuevo ERE en mi antigua empresa.

Físicamente: mi metamorfosis. Cuarenta kilos menos. Lastima que volviese a fumar. Espero dejarlo muy pronto.

Lo más difícil: la mente. He despertado del letargo al que me he autosometido durante años, obviando mis sueños, centrándome en el trabajo, olvidando con y sin ayuda mis vocaciones, convirtiendo motivaciones en tristes desesperanzas. He recuperado la empatía, las ganas de contar historias, ese gusanillo que te machaca el estómago y que necesitamos sentir de vez en cuando para saber que estamos vivos.

Personalmente: he retomado amistades ninguneadas por mi egoísmo y autocompasión convertida en autocomplacencia. También he conocido nuevas personas a las que aburrir con mis historias, divertir con mis ocurrencias y practicar mi empatía. Grandes re/descubrimientos.

Este mes y medio de inactividad me ha servido, además de hincharme a ver series pendientes cubierto con una manta, a valorar todo estos cambios y darme cuenta de que no se pueden quedar ahí, tengo que juntar los dedos antes de que la vida se escape. Empezaré desde ahora mismo.

Planes: seguir con el blog, acabar la novela, dejar de fumar, encontrar nuevas cosas que me hagan feliz.

Como perdí mi gran oportunidad

La telebasura todavía no era el género preferido y predominante en la televisión española, pero empezaba a despuntar. Programas como “Esta noche cruzamos el misisipi” y “Mamma mia” creaban contenidos de la nada, de la basura, del sufrimiento, de famosos de primera y segunda clase.

Llenar horas y horas de este tipo de programación debía ser complicado y surgieron un nuevo tipo de personajes televisivos: “Los frikis”. Dentro de esta categoría destacaban la pandilla de la pseudocantante Tamara Seisdedos (luego llamada Ambar y más tarde Yurena). Esta además de la mencionada estaba formada por otros singulares personajes: Paco Porras (vidente especializado en leer en futuro en vegetales), Tony Genil (cantante de los años 70 venido a menos, mucho menos), Loli Álvarez (también pseudocantante) y Leonardo Dantés (antaño compositor de éxito).

Era verano y los programas de tarde tenían un espacio que rellenar. En Telemadrid empezó a tener cierto peso la pandilla basura. Discusiones sobre la autoría de la canción del verano (“No cambié”), embarazos, abortos e incluso estrellaron un coche en la Cibeles en su afán de conseguir sus quince minutos de gloria.

Telemadrid no desperdiciaba la oportunidad y les daba más y más minutos de su programación. Leonardo Dantés era uno de los que más salía. Su madre vivía en mi barrio, a unos tres bloques de donde yo con mis padres. Los equipos de televisión aprovechaban la tranquilidad de mi barrio y a las vecinas como extras gratuitos para realizar reportajes o videoclips casposos a Leonardo

Por esa época Fernando, uno de mis mejores amigos, por motivos de trabajo había estado fuera de Madrid durante todo el verano y no sabía nada del fenómeno televisivo que se había montado alrededor de estos personajes.

Fernando volvió a Madrid. Una tarde-noche decidimos ir al único pub del barrio: “La Senda”, ahora reconvertido en una empresa de compra-venta de pisos, eso es tener visión de futuro.

Mientras tomábamos una copa, entró en el pub Leonardo Dantés.

-Mira, ese el tio de la tele- le dije a Fernando.
-¿Quién?- contestó, obviamente Fernando no sabía nada de estos individuos: donde había estado no se veía Telemadrid.

Le conté a grandes rasgos las andanzas de los personajes. Cuando Leonardo iba a salir por la puerta le llamó.

– ¡Leonardo!

Leonardo se giró y nos miró con sorpresa, se acercó a la mesa donde estábamos sentados.

-Siéntate que te invitamos a una copa.- dijo Fernando.

Buscó una silla y se sentó con nosotros.

Estuvimos hablando sobre el mundo del espectáculo, sobre los montajes para la tele, nos reconoció que parte de lo que ponían de las discusiones entre los miembros de la pandilla estaba acordado previamente. También nos habló sobre su vida pasada, cuando era un compositor reconocido: había compuesto para los más grandes: Lola Flores, Los Chunguitos…

Le invitamos a otra copa.

-¿Sabes? A mi me gustaría conocer el mundo este del espectáculo- le dije- Ir a alguna fiesta y esas cosas.

-¿Sí? Pues cuando haya una te llamo y te vienes- me dijo.

Seguimos hablando y bebiendo. Cuando llegó la hora de despedirnos me pidió el número de móvil, por esas jugarretas de la mente y el alcohol yo no lo recordaba por lo que le di el de casa de mis padres.

Ya prácticamente me había olvidado de toda la historia cuando un domingo, al llegar a casa de mis padres (volvía del cine de ver X-men) el teléfono estaba sonando.

-¿Sí?- contesté.

-¿Paco? Soy Leonardo.

-¿Quien?

-Leonardo, estuvimos el otro día tomando unas copas.

Os podeis imaginar mi cara de circunstancias.

-Ah, sí, dime.

-Te llamaba porque mañana tengo grabación de un disco, por si te quieres venir.

    -Ehhhh…. Esto… ¿A qué hora?
– Por la tarde, empezaremos sobre las cinco.
-Esto… no, no puedo por la tarde trabajo- Lo cual era cierto, por esa época yo era profesor de informática de clases extraescolares en un colegio y en un instituto.
-Bueno, otra vez será, ya te llamaré.

No me ha vuelto  a llamar.

A veces veo muertos…

En los veranos teníamos nuestro cuartel general en casa de José, sus padres se iban de vacaciones y le dejaban la casa para él solo (y para nosotros) durante un mes, nosotros nos acoplabamos: prácticamente hacíamos vida entre la calle y su casa. Por la tarde en la calle jugando al futbol, tirados en parque o sentados en los portales discutiendo sobre cualquier cosa que se nos ocurría: chicas, politica, futbol, peliculas… Por las noches solíamos ir su casa y allí tomábamos unas cervezas, unas copas, jugábamos a juegos de mesa, veiamos peliculas o simplemente volvíamos a discutir sobre lo divino y lo humano.

Los fines de semana eran distintos: nos arreglábamos con nuestras mejores galas e íbamos a casa de José a iniciar el calentamiento para salir de marcha. Comprábamos unas botellas de whisky y ron, cuando ya estábamos a tono nos dirigíamos al centro de Madrid, habitualmente a la zona de Huertas, en el barrio de las letras.

Este fin de semana, además de los habituales del barrio, vino también Daniel, un amigo de un amigo, a veces salía con nosotros pero no era de los habituales.

La noche se desarrolló como otras tantas: alcohol, intentos de ligue infortuosos, alcohol… Sobre la una de la madrugada empezaron las deserciones, al final nos quedamos Daniel y yo, que siempre nos apuntábamos a la última.

Nuestra última parada casi siempre era “La Joyería” un bar-discoteca que estaba abierto hasta las 7 de la mañana. Allí conocimos a un par de chicas polacas, preciosas, estaban con unos amigos, Daniel lanzado como siempre les dijo de tomar algo cuando cerraran el bar que ya estaba a punto. Ellas nos dijeron que vale, que les esperasemos fuera que primero se tenían que deshacer de sus amigos…

Salimos fuera sin mucha esperanza de volver a verlas, pero al rato salieron, acompañaron a sus amigos al metro y al rato volvieron. Fuimos a un bar de viejos a seguir con las copas, no muchas porque ya el sueño y el alcohol nos vencían. Intercambiamos los teléfonos con las chicas y nos dirigimos a casa de José a desayunar, ideas de borracho…

La resaca del domingo fue monumental, comí en casa de mis padres y luego me fuí a casa de Jose a martirizarle con mis historias sobre la polaca y mi resaca.

Jose estaba viendo una peli solo, una protagonizada por Billy Crystal y Robin Williams: “Un papá de sobra”, no estaba mal pero mi cabeza no estaba para comedias ligeras, ni para nada…

A mitad de la película tuve que ir al baño, todavía mis riñones y mi hígado estaban haciendo la labor encomiable y complicada de sanear mi cuerpo. Cuando salí vi en el pasillo tres personas caminando delante de mí, mirando al frente: de las tres solo tengo recuerdos vagos: dos hombres y una mujer, el hombre de enmedio llevaba una camiseta a rayas, estilo marinero y la mujer, la más cercana a mí, era rubia y con el pelo rizado. Esta última se volvió y se me quedó mirando fijamente. Cerré los ojos y los atravesé hasta llegar a el salón.

Al entrar en la sala José me dijo: “¿Qué te pasa macho? Estás pálido, ni que hubieses visto un fantasma”.

La mente a veces pasa malas jugadas, lo atribuimos al cansancio, la resaca, los nervios porque había quedado en llamar a Barbara, la preciosa chica polaca que conocimos la noche anterior.

Un poco más tarde llegó Hugo, otro de los habituales, la noche anterior no había salido con nosotros y estaba un poco cabreado porque creía que le habíamos dejado tirado…

-Sois unos cabrones, ayer me pasé por aquí y no me abristeis.
-¿Qué?
-Sí, pasé sobre las doce y no me abristeis.
– Tio, a las doce ya no estábamos aquí, nos fuimos antes.
-Joder, que no, que vi la sombra de una persona pasando por delante de la ventana.

Nunca sabré si fue un fallo de Matrix, una alucinación o que, sólo sé una cosa yo los vi…

The Lizard King (epílogo)

-¿Cómo acaba la historia?- le pregunté a mi inconsciente.

-¿Qué historia?-

-La de la semana pasada, la del rey lagarto y esas polladas… Hoy parece que nos estás dormido…

-¿De verdad quieres saberlo? Eso no está en mi, lo tienes presente, es parte de tu historia.

-Nuestra historia.- Le rectifiqué.- Además sabes que me gusta verlo con otra perspectiva, aunque sea la tuya…

-Sí, sí, nuestra historia… ¿Tienes tabaco de sobra?

-Y cocacola ligth.

-Pues vamos a por ello…

 

Continuaste participando en el taller y manteniendo el contacto telemático con María, Ana y Pilar. Nunca volvisteis a hablar de esa noche: lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas.

    No volviste a ganar, en realidad solo participaste un par de veces más, tus musas no estaban muy inspiradas. Esas dos participaciones son “Recuerdos” y “Peces de colores”. No recibieron buenas críticas pero tampoco malas. No estabas muy orgulloso de ellos, ya escribias por compromiso.

    En el taller empezaron a haber tiranteces entre algunos miembros y se crearon dos grupos, tú te mantuviste aparte, no era tu guerra. María y Ana se distanciaron por ese motivo. La gente empezó a dejar de participar y organizador decidió dar por acabado el taller.

Así acabó tu segundo intento de ser escritor.

 

-¿Qué más pasó?- le pregunté inquieto.

-¿Con qué?

-Con Ana, María, Pilar… conmigo..

– Ah, bueno eso.

 

Ana dejó el taller de las primeras y ya no volviste a saber nada de ella. Si seguiste en contacto con María y Pilar.

Un día te llegó un sms de Pilar: “Entonces el viernes a las 21:00 en la Plaza de Santa Ana, Ok?” Te pareció raro puesto que no habíais hablado de quedar. Al rato llegó otro de María: “Ok, allí nos vemos”. Tú flipabas. Llamaste a Pilar y te lo aclaró todo: su móvil se “había vuelto loco” y reenvió todos los mensajes que tenía en “mensajes enviado”, el que llegó a María y a ti correspondía a la otra vez que quedasteis. María supuso que Pilar y tu lo habéis hablado y por eso contestó que vale. Al final, después de toda la confusión quedasteis.

Otra noche de alcohol y penas. Tampoco recuerdas mucho, solo sabes que a partir de ese día no María desapareció de tu vida.

El contacto con Pilar si se mantuvo, quedabais regularmente los dos solos. Como amigos, solo como amigos.

Tú seguías mal en el trabajo, seguías sin soportar a esa panda de hijos de puta que tenía como jefes/compañeros. Ya no podías más, llegaron los aumentos de sueldo, sí, antes existían esas cosas, y el tuyo fue normal. Genial, ya tenías excusa para buscar otro trabajo.

Empezaste a buscar, hiciste unas cuantas entrevistas, pero Pilar, que sabía que estabas buscando, te puso en contacto con un antiguo jefe suyo que buscaba un perfil muy parecido al tuyo. La entrevista con él salió muy bien. La del cliente donde irías si te contrataban también. Te tocó esperar la respuesta más de un mes pero al final conseguiste el trabajo, gracias a Pilar. Económicamente muy bien, 6000 € más al año, subida de categoría y en Madrid, no en un pueblo a más de una hora de viaje. Ganabas en todo.

Tu empresa y el cliente intentaron que te quedases, el cliente no era tonto, no te soportaba pero les sacabas el trabajo, hacías todas las horas que fueran necesarias y solicitaron a tu empresa que igualasen la oferta de tu nueva empresa. Dijiste que no.

Cinco años y medio estuviste en la nueva empresa, en distintos proyectos, hasta que este marzo te hicieron un despido disciplinario, pero eso es otra historia y será contada en otro momento.

Seguiste quedando con Pilar, más o menos regularmente. Empezaste a sentir algo por ella. Siempre habías sospechado que le gustabas pero tú antes siempre tenías la cabeza en otras.

Un día tomando unas cervezas en una terraza la plaza de Santa Ana con ella, se acercó un chico. Todavía recuerdas la cara que se le quedó a Pilar, totalmente desencajada. Se presentó y se sentó con vosotros. Era un amigo de la universidad, según me contaron habían estado tomando ese mismo día algo antes de que Pilar quedase conmigo y casualidades de la vida al volver a casa nos había visto y se acercó a saludar. Obviamente no te lo creíste.

Lo demás vino rodado, quedasteis más veces, fuisteis al cine un par de veces (“Indiana Jones y la calavera de cristal” y “Batman. El caballero oscuro”). Y un día decidiste lanzarte…

Error. Como amigos genial. Vamos a darnos un tiempo antes de volver a quedar, etc.

No has vuelto a quedar con ella, la has visto un par de veces cuando los dos trabajabais cerca, en pleno centro de Madrid. Conversación triviales y unos a ver si quedamos y nos contamos. Hasta hoy.

Chorradas de la China

Llevo unos cuantos días sin aparecer por aquí, el trabajo, relaciones sociales (no todo va a ser vivir detrás de una pantalla de ordenador) y lo más importante, no tengo nada que contar. En realidad si tengo mucho que contar, pero no se como. Tengo que darle una vuelta a todas mis ideas de realidad y ficción que me pasan por mi cabeza. Espero que este replanteamiento de mis historias no me lleve mucho, uno, dos días, unas horas… Espero que mis musas estén inspiradas pronto porque tengo ganas de escribir.

A cambio os dejo un vídeo de las nuevas chorradas/frikadas que me han traído de la China:

Sí, por fin me ha llegado mi pedido de China, un mes esperando… La verdad es que creía que lo habían incautado en la operación emperador o que le habían encargado a Nacho Vidal traerlo de contrabando y se lo habían decomisado después de hacerle una prospección anal. pero no, al final han llegado y como molan.

The Lizard King (segunda parte)

-Despierta, que ya es mañana.- Le dije a mi inconsciente.

-¿Qué cojones quieres ahora? Estaba inconsciente… ¿Lo pillas?

-Sí, sí, lo pillo..- le contesté- y hazme un favor: no me hagas decir ese tipo de “bromas” en público que luego la gente me mira mal… Me ibas a recordar lo de la novia del rey lagarto ¿Te acuerdas?

-Sí ¿Hoy no hay fútbol?

-No, ponen “La voz”.

-Mola cuando Bisbal pone esas caras, dan ganas de pegarle una hostia ¡Zas! ¡Toma paleto! ¡Aprende a hablar!

-Joder, como estás hoy… Vamos con lo del rey lagarto.

– Tío ¿Por qué no lo recuerdas tu solito?

-Me gusta como me lo cuentas tú.

-Venga, pero rapidito que quiero ver “La voz”.

-Va.

-Pues ayer lo dejamos con lo que te apuntaste al taller por hacer un favor a María.

-Sí, sigue.- Le dije impaciente.

– A María le echaron del curro ¿Te acuerdas de esos jefes y compañeros tan guays que teníais? Esos que iban de graciosos y os hacían la vida insoportable a los subcontratados ¿Al payaso ese que llamaste hijo de puta?

-Sí, lo de hijo de puta fue mucho después, pero sí, me acuerdo, fueron ellos los que echaron a María por sus rarezas…

-Seguiste manteniendo el contacto con María, al igual que habías hecho con Pilar, otra compañera que se había ido hace tiempo del mismo curro. También seguiste en el taller y una vez ganaste.

-Con “Se busca Papa Noel para el Polo sur”, creo que de lo mejor que he escrito en ficción.

-Sí, sí, eres la hostia-me contestó irónico- ¿pero… no estaba contando la historia yo? Como ganador te tocó organizar el taller el mes siguiente y como era costumbre tú podías participar pero fuera de concurso. Escribiste…

-”Walter y Julita”-interrumpí.

-Joder tío, o dejas de interrumpirme o me dejás en paz, pero así no puedo.

-Vale…

-Pues de vez en cuando solías quedar con Pilar y María para ir de fiesta, un día María se trajo una amiga: Ana. También participaba en el taller. María te presentó orgullosa a ella: el ganador del taller. No cabías en ti. Subidón. A Ana también le habían gustado los dos relatos. Más subidón. Fuisteis a una cervecería en la plaza de Santa Ana. Tú solo de cañas con tres chicas preciosas. Resubidón.

“La verdad es que lo pasaste un poco mal cuando después de unas cañas ellas empezaron a contar lo que le harían a Beckham: atarlo a la cama, tirarselo delante de la Vicky y otras paraflias varias… Guarrete, a ver qué estarías pensando tu…

Ana tambien compartía los mismos gustos que tú, en especial la adoración por Jim Morrison “El rey lagarto” y por Bunbury. De hecho su nick en el taller era “Pam”, el nombre de la novia de Jim.

    Las llevaste a un bar de Huertas donde ponian musica de los sesenta, setenta y ochenta. Allí entre copa y copa seguiste hablando de música y cine, te sentías bien, muy bien. De repente, impulsada por el alcohol,  Ana se dio la vuelta y se levantó la camiseta dejando a la vista la espalda. Tu flipabas… Miraste con cara de sorpresa a María. “Dice que le apartes el tirante del sujetador para que veas un tatuaje”, dijo María. Lo hiciste y viste un tatuaje de un lagarto sobre su omoplato izquierdo.
Las copas seguían haciendo estragos entre nosotros. “¿Sabes una cosa?” Te preguntó Ana “Si no tuviese novio tu serias el hombre de mi vida…” Resignado a mi suerte seguisteis bebiendo como si se fuera a acabar el mundo.
María había quedado con otra amiga en otro bar de Huertas, donde pinchaba su novio, ex de María. Fuisteis para allá y aquí es donde ya no te puedo ayudar a recordar: creo que fue primero Pilar quien se fue, no bebía habitualmente y se estaba poniendo fatal. Luego Ana, tus intentos de acercamiento fueron en vano, el alcohol también le pudo.
Al final creo que os quedasteis María, su amiga, el novio de su amiga y tú. Lo que pasó después se pierde en el fondo de una botella de whisky.

The Lizard King (primera parte)

-¿Por qué escribo?- Le pregunté a mi inconsciente mientras me encendía un cigarro.
– ¿Yo qué sé? Lo sabrás tú que eres quien escribes, dame otra calada y vamos a ver el fútbol.
-No lo sé, tiene que venir de ti, tu me obligas- le acusé-, soy tu prisionero.

-Lo sabes, escribes porque te gusta contar historias, siempre te ha gustado. También está tu ego, te gusta que la gente te lea y te sientes bien cuando te dicen que les gusta.

-Sí, sí, eso lo tengo más o menos claro.- le respondí.- ¿Pero porqué he vuelto a escribir después de tantos años? ¿Por qué estoy escribiendo ahora en lugar de ver a la selección?

-Ahora no lo sé ¿pero te acuerdas de anterior vez que empezaste a escribir? ¿Hace unos cinco años?

– El taller…

-Sí, el taller ¿Pero por qué escribiste de nuevo después de tantos años?- me empecé a sentir incomodo.- Tienes tiempo, tabaco y cocacola. ¿Quieres que lo recordemos? ¿Quieres que lo recupere para ti?

-No… ¡Gol de Sergio Ramos! Vamos a ver el partido.

-No, ahora me escuchas, lo siento, has empezado tú, además será divertido.

Asentí sin muchas ganas.

-Siempre te ha gustado escribir, como te he dicho antes contar historias, juntar palabras… pero eso lo sabes tú mejor que yo. Tu problema, uno de ellos, es la pereza, te cuesta ponerte. Lo habías intentado, escrito algunas cosas, con mayor o menor calidad. Siempre con alguna idea para contar ¿te acuerdas de esa novela de la que tenías hasta el título? Las nieves, pero la vaguería te puede.

Y te pudo hasta que la conociste a ella, sí, otra ella ¿Te acuerdas? Una chica morena, alta, gótica, bastante rara. Trabajabais juntos. Ella quería ser escritora, escribía bien.

-Penalty, joder lo ha fallado.- interrumpí.

-¿Estamos a lo que estamos? Tenía los mismos gustos que tú: cine de terror y gore, fantasía en general, música de los sesenta, setenta… punk, heavy, gótico en general.

-Sí, María.

-Sí, esa misma. Congeniabais bien, además como trabajabais a tomar por culo, tú te acoplabas a su coche a la vuelta siempre que podías, como vívia en el centro de Madrid luego no te costaba nada llegar a tu casa en cercanías, así te ahorrabas más de media hora de viaje.

-Me aburro…

– Joder, además el partido está en el descanso. Sigo, y no seas pesado. Ella participaba en un taller literario online. Algo no muy grande, con amigos. Cada mes había que escribir un relato de no más de dos páginas tomando como referencia un tema elegido por el ganador del mes anterior. Un mes ganó ella y te pidió un favor, pero no el favor que tú le querías hacer ¿no?

-Esto…

-Venga, a mi no me puedes engañar, te ponía y bastante. Todavía recuerdo cuando te dijo eso de “yo ligo mucho porque la chupo de puta madre”. ¡Qué cara se te quedó! Volviendo al favor: como le comentaste que a ti te gustaba escribir y que habías escrito hace tiempo, te pidió que te apuntaras al taller, cada vez participaba menos gente y no quería que durante su mes el concurso quedase desierto por falta de participantes.

-Sí, es verdad y me apunté y convencí a una amiga para que también lo hiciera.

– Y te gustaba, digo escribir, lo otro estaba claro. Incluso un mes ganaste ¿Te acuerdas?

-Sí, con “Se busca papa noel para el polo sur”.

-El partido se está poniendo interesante, que grande Casillas, ¿dejamos el resto de la historia para mañana?

-Me acabo de acordar de la novia de rey lagarto.

-Sí, de eso hablamos mañana ¿Ok?

 

– Me metí en el heavy metal para que me chuparan la polla. Ahora sigue siendo importante, pero también hay otras cosas

(Blackie Lawless, W.A.S.P.)

Delirios, dilemas y decepciones (Sexta Parte – Desenlace)

Sexta parte – Desenlace

    Despertar de un forma tan brusca duele. Y no sólo porque creas que te han roto el corazón, duele más allá, duele en el alma y la dignidad, en la confianza y en la autoestima.

    Aún así, masoca que es uno, mantuve el contacto con todos ellos.

    La relación entre Pepita y Mario se fue consolidando. Finalmente dejó al catalán y empezó a salir oficialmente con el valenciano, diez años más joven que ella. Estrella consintió que ella se quedase a vivir con ellos. La relación entre ellas se fue deteriorando. Estrella, quizá influenciada por mi detallado relato de la noche en Madrid y con el peso de haber sido mejor amiga y conocedora de sus las andanzas de su inquilina, empezó a no soportar su presencia en su casa. Dos mujeres con mucho carácter para un trono.

    En medio de todo esto estaba yo: una y otra me contaban sus disputas entre ellas. Como siempre pasa en estos casos, los palos me los llevaba yo… Suele pasar cuando las gente decide que o estás con ella o estás en su contra. Sacrificando la dignidad que me quedaba seguí intentando ser el amigo de ambas.

    Pepita me dijo que tenía que volver a Madrid para hacer unas gestiones. Tragué el poco orgullo que aún poseía, el orgullo sabe amargo, y quedé con ella. Estaría dos días.

    El primer día fuimos a comer por el centro de Madrid y luego a un cibercafé para que hablase con su novio. Cuando acabó dimos una vuelta y luego a cibercafé para que hablase con su novio. Su novio estaba celoso de mi y eso que según ella no le había contado nada de lo nuestro. Mario me caía bien, un chaval listo, dinámico, aprendiz de hacker, pero demasiado joven, se notaba que estaba muy enamorado de ella. Pensé varias veces en decirle la verdad sobre su amada, me arrepentí incluso de haberlo pensado. En cambio le llevé una copia del Visual Basic 6 que me había pedido…

    A última hora de la tarde fuimos al O’Neals, sentados en frente de una pinta mientras ponían un partido de la selección, decidí hablarle claro.

    – Me has hecho daño ¿Por qué no me dijiste nada? ¿Por qué me engañaste?

    – No podía, todavía estaba saliendo con Joan y no quería que la gente del chat se enterase de lo de Mario y si ya se enterasen de lo nuestro… Júrame que no se lo contarás a nadie, pensarían de mí que soy una…

    -Puta… Demasiado tarde, se lo conté a Estrella.

    -¿Qué? ¿Cómo has podido hacerme esto?- empezó a llorar.

    -Pepita, yo no tenía ni idea de lo de Mario y se lo tenía que contar a alguien.

    No duró mucho más la conversación, Pepita seguía llorando y yo intentando balbucear excusas, no sirvió de mucho.

    La acompañé a su hotel y nos despedimos, los dos sabíamos que no era un hasta luego, ni un hasta mañana, era un hasta siempre, ADIÓS.

    He de reconocer que me sentí bien cuando la vi llorar, sé que eso no me hace mejor persona pero la venganza es un sentimiento tan humano y reconfortante.

    Seguí sabiendo de ella por medio de Estrella y otras amistades comunes: encontró trabajo en Valencia, se independizaron y Pepita decidió, creo que en parte por miedo a perder a Mario, era muy celosa, y por otra por sus complejos, realizar un cambio total de look hacia la juventud que nunca tuvo en Suiza: adelgazó hasta casi rozar la anorexia, se dejó el pelo largo, se lo tiñó de rubio y se operó el pecho hasta una noventa y cinco. Me pasaron alguna foto y vi que ya no era mi Pepita, era Pepita la Barbie…

    Del resto de la historia poco más os puedo contar, después de varios años de convivencia se separaron por un problema de celos de ella y quizá de cuernos por parte de él. Volvió a Suiza, se casó, tiene un crio y una solicitud mía de amistad del facebook pendiente de aceptar desde hace años.

Pepita
Pepita

THE END o NO…

Delirios, dilemas y decepciones (Quinta Parte)

Quinta parte

    Un nuevo futuro se forjaba en mi mente: dejaría a su novio, encontraría trabajo en Madrid y viviríamos juntos de alquiler. Yo, claro, tendría que buscarme un trabajo serio. Ya la idea me venía rondando desde hace tiempo. Había decidido no continuar mi trabajo de profesor de informática el curso que entraba. Era poco tiempo, seis horas por semana, bien pagado, pero insuficiente. El destino me estaba señalando el camino.

    Seguí hablando con Pepita por chat y teléfono: que si te quiero, que a ver cuando nos volvemos a ver, etc. Unas veces se mostraba reacia a seguirme el rollo y otras, las menos, me lo seguía…

    Los que me conocéis bien, sabéis que me resulta muy complicado guardar un secreto y menos si es sobre mi. Siempre he tenido confesores a quien contar mis cosas, pedir opinión y luego ignorar esas opiniones bienintencionadas, soy un verdadero experto. Quizá por mi afán de saber más de Pepita, desde la vuelta del viaje a Valencia había tomado cierta confianza con Estrella, la mejor amiga virtual de Pepita. Aparte de mis amigos del barrio (un saludo chicos), ella era la única que sabía que yo estaba totalmente colado por la suiza.

    Estrella, como os he dicho en otra entrada, era una mujer de mediana edad, divorciada y con un chico adolescente en casa. El chat las había unido y convertido en las mejores ciberamigas del mundo. Consciente de la situación me acerqué a ella virtualmente para intentar conocer más a Pepita y sus sentimientos sobre mi. Le conté lo de nuestra noche.

    Pepita seguía en el pueblo pero decidió hacer otro viaje a Valencia para visitar de nuevo a sus amigos. Esta vez no fui, no fui invitado, iba a casa de Estrella y no había sitio.

    Durante su estancia seguí hablando con ellas por chat, notaba algo raro. Estrella se mostraba evasiva a hablar sobre Pepita y su estancia en su casa. Por mucho que la insistiese no conseguía más que respuestas cortas y cortantes. Pepita por su parte pasaba totalmente de mi y de mis pretensiones amatorias.

    – Paco, déjalo.- me dijo Estrella.

    -¿Qué?

    -Que lo dejes, ella no te quiere. Sí, va a dejar a Jordi. Pero no por ti.

    – Pero…

    – ¿Te acuerdas la noche que durmió sola en el hotel cuando estuvisteis aquí? No durmió sola, Mario, mi hijo estuvo con ella. Están juntos ahora, está buscando trabajo para venirse a vivir a aquí.

Continuará… o no…

Delirios, dilemas y decepciones (Cuarta Parte)

Cuarta parte

El tiempo se me había hecho interminable desde que me dijo que vendría hasta que por fin llegó el día. Verano en Madrid, casi todo el mundo de vacaciones, estudiar para los exámenes de septiembre, darle vueltas a qué pasaría con Pepita… Horas y horas delante del ordenador y pendiente del móvil por si ella daba señales de vida.

    Pepita había cogido una habitación cerca de Callao, una recomendación de una tía monja le había hecho, por lo que quedamos en la parada de metro a las nueve de la noche. Llegué con tiempo, siempre me ha gustado ser puntual, me tocó esperar, esperar mucho tiempo, llamé varias veces: siempre apagado o fuera de cobertura me indicaba la amable locución.

    Varias veces se me pasó por la cabeza volverme a casa, mis paranoias me mortificaban: seguro que no viene, sigue enfadada por lo del hotel de Valencia, no tenía que haberla besado cuando nos despedimos en la estación, etc.

    A las diez menos cuarto apareció por la boca del metro, no puedo describir mi felicidad en ese momento. Mariposas en la barriga, montado en una nube y todos los tópicos cursis sobre el amor que os puedan ocurrir se juntaron en mi cuerpo.

    Cenamos sin pasar por el hostal, estaba hambrienta y la pequeña maleta que llevaba no suponía una gran carga para ser necesario dejarla en la habitación.

    A continuación, aún con el equipaje, fuimos a tomar una copa. Mientras hablábamos de sus planes de futuro en España: venirse a vivir aquí, encontrar un trabajo, dejar a su novio de Barcelona, etc, su expresión cambió, cogió la maleta y sin decir nada se fue al baño. Otra vez mi mente volvió a desorganizar mis ideas: he metido la pata, he dicho algo inconveniente…  Volvió con gesto aliviado, me lo explicó: le había bajado la regla.

    Por fin fuimos al hostal, en contra de lo que yo creía, dejó la maleta, se duchó y nos fuimos otra vez de copas.

    Salimos por la zona de Huertas, era verano y miércoles pero aún así había bastante gente. Empezamos con mi ruta habitual que hacía cuando salía por allí. Primero fuimos al Embabia, allí tomamos unas cuantas copas aprovechando el dos por uno habitual. Un chaval entró a Pepita, estuvo hablando con ella un buen rato mientras yo esperaba al lado de un amigo suyo. Cuando dejaron de hablar y Pepita volvió a mi lado, por fin, me decidí y la besé en los labios, ella correspondió.

    Seguimos de fiesta, besándonos en cada esquina, disfrutando de nuestros cuerpos por encima de la ropa, sintiéndonos, deseándonos. Estuvimos en varios bares más, hasta que nos echaron del último: los bares cerraban sobre las tres y media de la noche.

    – Vamos a mi hotel.- me dijo.

    – Conozco un sitio que seguro que está abierto, vamos a tomar la última.- le dije.

    Con mi orientación habitual y la ayuda del alcohol estuvimos un buen rato buscando el Dreams, un bar-discoteca que abría hasta las seis de la mañana donde yo acababa gran parte de las noches de juerga. Cuando al fin lo encontré estaba cerrado.

    Pasamos lo que quedaba de noche en la habitación del hostal. Por desgracia al tener el periodo no culminamos….

    Después de amarnos y satisfacernos nos quedamos dormidos.

    Nos despertamos sobre las ocho de la mañana, ella tenía la entrevista a las once. Nos duchamos y fuimos a desayunar a un bar cercano al hostal.

    Me despedí de ella, me dijo si podía me llamaría por la tarde para vernos antes de volver al pueblo.

    Yo seguía en una nube, cogí el metro y fuí hasta Aluche para coger allí el cercanías hasta mi casa. Con la euforia y la felicidad decidí ir andando hasta casa, unos veinte minutos.

    Cerca de la puerta del polideportivo de Aluche me pararon un par de mujeres.

    – ¿Tienes un momento para hablar de Dios?- Me preguntaron.

    –  Lo siento, no creo en Dios- dije con voz pastosa y el aliento apestando a whisky y continué mi camino.

    Pero ese día sí creía en Dios, Dios era yo.

Continuará… o no…