Delirios, dilemas y decepciones (Quinta Parte)

Quinta parte

    Un nuevo futuro se forjaba en mi mente: dejaría a su novio, encontraría trabajo en Madrid y viviríamos juntos de alquiler. Yo, claro, tendría que buscarme un trabajo serio. Ya la idea me venía rondando desde hace tiempo. Había decidido no continuar mi trabajo de profesor de informática el curso que entraba. Era poco tiempo, seis horas por semana, bien pagado, pero insuficiente. El destino me estaba señalando el camino.

    Seguí hablando con Pepita por chat y teléfono: que si te quiero, que a ver cuando nos volvemos a ver, etc. Unas veces se mostraba reacia a seguirme el rollo y otras, las menos, me lo seguía…

    Los que me conocéis bien, sabéis que me resulta muy complicado guardar un secreto y menos si es sobre mi. Siempre he tenido confesores a quien contar mis cosas, pedir opinión y luego ignorar esas opiniones bienintencionadas, soy un verdadero experto. Quizá por mi afán de saber más de Pepita, desde la vuelta del viaje a Valencia había tomado cierta confianza con Estrella, la mejor amiga virtual de Pepita. Aparte de mis amigos del barrio (un saludo chicos), ella era la única que sabía que yo estaba totalmente colado por la suiza.

    Estrella, como os he dicho en otra entrada, era una mujer de mediana edad, divorciada y con un chico adolescente en casa. El chat las había unido y convertido en las mejores ciberamigas del mundo. Consciente de la situación me acerqué a ella virtualmente para intentar conocer más a Pepita y sus sentimientos sobre mi. Le conté lo de nuestra noche.

    Pepita seguía en el pueblo pero decidió hacer otro viaje a Valencia para visitar de nuevo a sus amigos. Esta vez no fui, no fui invitado, iba a casa de Estrella y no había sitio.

    Durante su estancia seguí hablando con ellas por chat, notaba algo raro. Estrella se mostraba evasiva a hablar sobre Pepita y su estancia en su casa. Por mucho que la insistiese no conseguía más que respuestas cortas y cortantes. Pepita por su parte pasaba totalmente de mi y de mis pretensiones amatorias.

    – Paco, déjalo.- me dijo Estrella.

    -¿Qué?

    -Que lo dejes, ella no te quiere. Sí, va a dejar a Jordi. Pero no por ti.

    – Pero…

    – ¿Te acuerdas la noche que durmió sola en el hotel cuando estuvisteis aquí? No durmió sola, Mario, mi hijo estuvo con ella. Están juntos ahora, está buscando trabajo para venirse a vivir a aquí.

Continuará… o no…

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