Delirios, dilemas y decepciones (Segunda Parte)

Segunda parte

Un viaje Madrid-Valencia en pleno verano con un coche de más de diez años y sin aire acondicionado no es precisamente la mejor idea que se puede tener. Menos recomendado si cabe salir un viernes a las dos de la tarde. Se me hizo interminable la primera parte del trayecto: en la M-40 atascado, avanzando muy poco a poco, con la única compañía de mis cintas de música, en esa época los reproductores de mp3 para coche eran imaginables.

Afortunadamente tenía una gran colección de cassettes grabados de cd’s originales comprados, regalados, prestados y alquilados (sí, por ese tiempo se compraba la música, se regalaba e incluso se podían pedir prestado en las fonotecas…) Mi principal copiloto fue Lou Reed con sus grandes éxitos.

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    El camino hasta la A-3 me lo conocía bien, lo hacía a diario para ir a la universidad. Después de dos horas de sudor, aburrimiento y nervios deje mi antigua escuela a la derecha y me incorporé hacia mi destino.

    El resto del viaje transcurrió sin problemas, aproveché para probar mi super Ax en un viaje largo, le pisé a fondo: 140, 150, 160 adelantando camiones, me sentía bien, vivo. Afortunadamente un bandazo provocado por el aire me devolvió a la realidad y me tomé mi vida un poco más en serio.

Por fin llegué a Valencia, había quedado con ellos, Pepita y el almeriense, en la estación de autobús. Los que me conocéis sabéis que mi orientación es prácticamente nula y los gps y teléfonos móviles inteligentes con Gmaps formaban parte de una utopía en esos momentos. Esto unido al caótico tráfico de la ciudad y mi poca experiencia hicieron que diese vueltas y más vueltas hasta que superando mi timidez baje mi ventanilla cuando estaba parado en un semáforo y pregunté. Seguí las indicaciones que me dieron hasta que llegué de nuevo a un semáforo. Mientras esperaba que se abriese el mismo chico que me había indicado, se bajó de su coche, se acercó a mi ventanilla y me dijo que le siguiera que él iba en esa dirección. Respiré aliviado y gracias a él pude llegar al punto de reunión.

Aparqué y fuí al encuentro con mi no correspondida amada. Allí estaban los dos, esperándome. Por fin la vi en persona, la había visto en fotos y por webcam, había oído su voz por teléfono pero no era lo mismo. En ese momento me dí cuenta de que estaba colado hasta los huesos.

No era una chica espectacular, le sobraban algunos kilos, pero si era guapa, y aunque aparentaba más años de los que en realidad tenía por su atuendo y peinado, decidí que era la mujer de mi vida.

Metimos las maletas en el coche y fuimos al hotel. Al ser tres había cogido dos habitaciones dobles para los tres días que íbamos a estar allí. Dos habitaciones, tres personas, obviamente quedaba repartirse: lo echamos a suertes. A mi me tocó dormir con en la misma habitación que Pepita, camas separadas claro. El almeriense no quedó muy contento con el resultado y sugirió que para que no siempre durmiera solo el mismo nos fuéramos cambiando de habitación. La cosa quedó así: la primera noche yo dormiría con Pepita, la segunda noche solo y la tercera con el compañero. Acepté a regañadientes.

Ya con las maletas deshechas y después de cambiarnos, cogimos el coche y empezamos el periplo de visitas de ciberamigos. Estuvimos en la casa de la mejor amiga de Pepita, un chica joven, divorciada y con un chico abandonando la adolescencia. La verdad es que me cayeron muy bien. También conocimos a una pareja que frecuentaba el chat, amigos de su hijo y a otra chica amiga del almeriense. Después de esta ronda de visitas cenamos y fuimos al hotel a dormir. Sí, sólo dormir.

El día siguiente visitamos Valencia en compañía de nuestros ciberamigos reales: la ciudad de la música, el Hemisferic, el cauce del Turia convertido en jardín, etc. He de decir que me gustó mucho.

Por la noche salimos de fiesta siempre acompañados por algunos de nuestros ciberamigos. Pepita le cogió gusto al agua de Valencia y me sacó a bailar, no recuerdo si salsa, merengue o cualquier otro ritmo sudamericano. Mientras bailábamos acercó sus labios a los míos y cuando se iban a unir interpuso un flyer entre ellos.

Continuará…. o no...

El Pelos en Valencia
El Pelos en Valencia

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