Delirios, dilemas y decepciones (Sexta Parte – Desenlace)

Sexta parte – Desenlace

    Despertar de un forma tan brusca duele. Y no sólo porque creas que te han roto el corazón, duele más allá, duele en el alma y la dignidad, en la confianza y en la autoestima.

    Aún así, masoca que es uno, mantuve el contacto con todos ellos.

    La relación entre Pepita y Mario se fue consolidando. Finalmente dejó al catalán y empezó a salir oficialmente con el valenciano, diez años más joven que ella. Estrella consintió que ella se quedase a vivir con ellos. La relación entre ellas se fue deteriorando. Estrella, quizá influenciada por mi detallado relato de la noche en Madrid y con el peso de haber sido mejor amiga y conocedora de sus las andanzas de su inquilina, empezó a no soportar su presencia en su casa. Dos mujeres con mucho carácter para un trono.

    En medio de todo esto estaba yo: una y otra me contaban sus disputas entre ellas. Como siempre pasa en estos casos, los palos me los llevaba yo… Suele pasar cuando las gente decide que o estás con ella o estás en su contra. Sacrificando la dignidad que me quedaba seguí intentando ser el amigo de ambas.

    Pepita me dijo que tenía que volver a Madrid para hacer unas gestiones. Tragué el poco orgullo que aún poseía, el orgullo sabe amargo, y quedé con ella. Estaría dos días.

    El primer día fuimos a comer por el centro de Madrid y luego a un cibercafé para que hablase con su novio. Cuando acabó dimos una vuelta y luego a cibercafé para que hablase con su novio. Su novio estaba celoso de mi y eso que según ella no le había contado nada de lo nuestro. Mario me caía bien, un chaval listo, dinámico, aprendiz de hacker, pero demasiado joven, se notaba que estaba muy enamorado de ella. Pensé varias veces en decirle la verdad sobre su amada, me arrepentí incluso de haberlo pensado. En cambio le llevé una copia del Visual Basic 6 que me había pedido…

    A última hora de la tarde fuimos al O’Neals, sentados en frente de una pinta mientras ponían un partido de la selección, decidí hablarle claro.

    – Me has hecho daño ¿Por qué no me dijiste nada? ¿Por qué me engañaste?

    – No podía, todavía estaba saliendo con Joan y no quería que la gente del chat se enterase de lo de Mario y si ya se enterasen de lo nuestro… Júrame que no se lo contarás a nadie, pensarían de mí que soy una…

    -Puta… Demasiado tarde, se lo conté a Estrella.

    -¿Qué? ¿Cómo has podido hacerme esto?- empezó a llorar.

    -Pepita, yo no tenía ni idea de lo de Mario y se lo tenía que contar a alguien.

    No duró mucho más la conversación, Pepita seguía llorando y yo intentando balbucear excusas, no sirvió de mucho.

    La acompañé a su hotel y nos despedimos, los dos sabíamos que no era un hasta luego, ni un hasta mañana, era un hasta siempre, ADIÓS.

    He de reconocer que me sentí bien cuando la vi llorar, sé que eso no me hace mejor persona pero la venganza es un sentimiento tan humano y reconfortante.

    Seguí sabiendo de ella por medio de Estrella y otras amistades comunes: encontró trabajo en Valencia, se independizaron y Pepita decidió, creo que en parte por miedo a perder a Mario, era muy celosa, y por otra por sus complejos, realizar un cambio total de look hacia la juventud que nunca tuvo en Suiza: adelgazó hasta casi rozar la anorexia, se dejó el pelo largo, se lo tiñó de rubio y se operó el pecho hasta una noventa y cinco. Me pasaron alguna foto y vi que ya no era mi Pepita, era Pepita la Barbie…
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    Del resto de la historia poco más os puedo contar, después de varios años de convivencia se separaron por un problema de celos de ella y quizá de cuernos por parte de él. Volvió a Suiza, se casó, tiene un crio y una solicitud mía de amistad del facebook pendiente de aceptar desde hace años.

Pepita
Pepita

THE END o NO…

0 respuestas a “Delirios, dilemas y decepciones (Sexta Parte – Desenlace)”

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  2. Después de NO conocerte en el trabajo a través de fumar de forma compulsiva unos cigarros, a través de estar muchas horas sentados cerca maldiciendo al innombrable, en la misma trinchera, en una guerra que no era nuestra y en la que todos hemos sido perdedores, me alegra re-descubrir a un gran tipo.
    Me alegro por ti, por tu metamorfosis, me alegro de que vuelvas a escribir y veas la vida con las gafas redondas de John Lenon…
    Me alegro que persigas tus sueños, y me alegraré mucho más cuando los alcances.
    Señor Lambea, un abrazo de oso.

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