LA RANA SE TRAGA AL HADA

Perdido en lo más profundo de los sentimientos, entre dos rocas grises, el deshielo hace que mane una pequeña corriente de agua cristalina. El hilo transparente cae sin fuerza hasta el suelo desbordando un pequeño charco, sin importarle luchar con pierdas, hojas o cualquier diminuto insecto, para después abrirse camino por el lecho del riachuelo labrado con la fuerza del tiempo. Cuando llega a la charca parece tranquilizarse, no sin antes remover unas cuantas hojas secas que flotan en la superficie.

Con una sola mirada podemos apartar los juncos que rodean la charca y observar su sencillez. En el fondo pierdas y algas; en la superficie nenúfares y otras flores de alegres colores. Un pequeño insecto revolotea de flor en flor, se para en los juncos, baila graciosa a son del viento. Fijamos la vista en la danza y nos damos cuenta de la mágica belleza de nuestro insecto, toda la hermosura de una mujer condensada en cinco centímetros. Ella sigue hechizándonos, maravillándonos, coqueteando con nuestros ojos.

Un ruido nos despierta de nuestra ensoñación. Un monstruo verde grandes ojos invade nuestro paraíso, con estruendo salta hasta un nenúfar rosa hundiéndolo, dejando poco más de la mitad a la vista.

Nuestra princesa lo ve, baila para él, ya no se acuerda de nosotros. Nos sentimos desplazados. Nuestro terrible competidor expulsa explosiva su pegajosa lengua, nos arrebata las esperanzas. No sentimos nada y sin embargo notamos que nos falta algo…

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