Peces de Colores

– ¿Me puedes hacer un gran favor?

– Depende…- Respondió Pojk, aunque sabía que pidiese lo que le pidiese Maía, él lo haría.

– ¿Puedes cuidar unos  peces?

– Vale… pero ¿tú tenías peces? No me suena.- Pojk por un momento se sintió descubierto; desde la  ventana que daba al patio interior podía controlar visualmente casi toda  la casa de Maía.- Quiero decir que no me habías dicho que tienes peces… ¿Te vas de vacaciones?

– ¡Qué va! Si he empezado a currar hace dos semanas, no creo que este verano tenga un día de vacaciones. ¿Sabes cuantas bolsas de hielo he vendido hoy? Más de doscientas. Menos mal que dentro de la gasolinera se está bien, no son normales los setenta y cinco grados que estamos teniendo este verano.

– Ya te digo, el verano pasado no pasó de los setenta.

– Bueno, lo que decía: los peces no son míos, son de mi sobrino. También  tendrías que ocuparte de él…

– ¿Es un Jisoul? ¿Cuántos años tiene? ¿Cuántos peces le quedan?

Maía asintió con tristeza.

– Si, es un Jisoul. El lunes que viene vendrán los Poadles. Le quedan tres peces.

– No me puedes pedir que lo cuide. Es un putadón ¿no me podías haber pedido un poco de sal o aceite? Mi hermano era un Jisoul- miró al suelo para evitar que Maía viese que le saltaba una lágrima-. El último de sus peces murió poco antes de que llegasen los Poadles. No quiero ver eso otra vez.

– Por favor, tengo que trabajar y no puedo estar con él, además es tan bueno… Seguro que sus peces aguantan. Aunque no se que es mejor.

La tradición khalure determina que un niño nacido bajo el signo Jisoul es candidato para convertirse en Poaldle. Éstos son los máximos representantes de la religión khalure. Cuando nace se entrega a sus padres un acuario con diez peces de colores,  el día que el candidato cumple cinco años los Poadles le hacen una visita y si alguno de los peces ha sobrevivido se lo llevan para empezar con su instrucción religiosa. Si todos han muerto, es potencialmente un Juald, por lo que deberá ser sacrificado para evitar que cuando crezca sea un enemigo de Khalure.

– Y sus padres ¿qué?

– Desaparecieron…

– Bueno, son sólo dos días. Pero no quiero responsabilizarme de lo que pase.

– Muchas gracias, te debo una.

Tres peces

Pojk bajó al apartamento de Maía.

– Pasa, Jisoul está en el salón. Seguro que os lleváis muy bien. Tienes dos ventiladores, no dejes que pase mucho calor. Ya sabes: puede que un día sea un Poadle y nos conviene llevarnos bien con ellos. Los peces están también allí, por ahora siguen tres. No hace falta que les des de comer, ya se encarga él todos los días.

– ¿Pero él sabe algo de todo esto?

– No, bueno, no creo. Es muy reservado, es difícil sacarle las palabras.

– Jisoul, cariño. Mira este es Pojk, va a estar contigo mientras la tía se va a trabajar.

Jisoul miró con recelo a Pojk.

– Hola, Jisoul. ¿Qué tal estás? Estás muy grande. ¿Cuántos años tienes?

– Estos.- Levantó tres dedos de su mano derecha, con la izquierda sujetaba un khalure-geis, el libro sagrado.

– Cariño, tienes cuatro años, mira.- Maía le cogió la mano y le obligó a levantar cuatro dedos – Ya  no eres un niño pequeño. Bueno, me voy a currar. Portaos bien los dos. ¿Jisoul, vas a ser bueno? No quiero que enfades a Pojk, ¿vale? Venga, dame un beso. Volveré sobre las doce, si no hay lío en la gasolinera.

Jisuol se pasó toda la tarde observando los peces, sin soltar el libro.

-¿Les has puesto nombre?

– Si, ese el mas grande se llama Jisoul.

– ¿Y los demás?

– Pez.

– Ah, voy a por algo fresco. ¿Quieres que te traiga algo?

– No, quiero que me hagas un barco para Jisoul.

– Ahora, no tardo nada.

Volvió de la cocina con una botella de whisky, un refresco y una cubitera llena de hielo. Jisoul le estaba esperando con unas hojas arrancadas del  khalure-geis.

– Pez se ha muerto.-  Uno de los peces flotaba inerte. – Creo que tienen mucho calor.

Jisuol vació la cubitera en el acuario.

– Así estarán más frescos. Hazme el barco- le acercó una de las hojas del libro sagrado.

Dos  peces

Maía volvió un poco más tarde de las doce.

– ¿Qué tal?

– Se quedó dormido hace un poco. Ha muerto un pez.

– Joder. Bueno quedan dos, ¿no? – Dijo Maía llorando.

Pojk subió a su piso y como todas las noches se sentó en la cocina con una cerveza observando las ventanas del piso de Maía.

Siempre, cuando acabada su jornada, Maia, bailadora de flamenco profesional, ensayaba con la esperanza de encontrar trabajo baliando. Pojk la miraba a escondidas, disfrutando de su arte y de su cuerpo. Si hacía mucho calor, Maía, se desvestía y baliaba semidesnuda. Este verano le estaba gustando mucho a Pojk.

Después de dos horas de prácticas, Maía se asomó a la ventana antes de que le diese tiempo a Pojk a esconderse.

– Baja.- le dijo.

Avergonzado bajó al piso de Maía. Le recibió llorando, semidesnuda. Pojk extrañado la abrazó.

– Ha muerto otro más. Jisoul y yo nos vamos. Mañana vendrán los Poaldles. Vente con nosotros.

– Nos perseguirán. Nos encontrarán y nos matarán. Seremos un protector de un Juald, sus enemigos.

– Nosotros nos vamos.

Jisoul apareció por la puerta del salón, metió sus manos en la pecera y sacó a Jisoul, el pez. Lo lanzó contra una de las paredes, estrellándolo.

0 respuestas a “Peces de Colores”

  1. Pero qué buen teatro, o texto, o escrito, me he imaginado cada palabra. El final no está muy claro, o no lo he pensado mucho; puede que hayan querido escapar de toda esa tradición y por eso mataron al pez y querían tener una vida normal. La verdad no sé, me ha gustado mucho. Saludos.

  2. Pingback: The Lizard King (epílogo) « Heridas Piadosas

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