Personajes de carne y hueso

   Me gusta viajar en transporte público, durante el camino escucho música, leo, miro internet, etc. Mucha gente dice que el tiempo que se tarda en ir y venir del trabajo es tiempo perdido, yo muchas veces lo veo como ganado.

   Ahora mismo tardo en condiciones normales entre cincuenta minutos y hora y diez en cada trayecto. Es de pocos momentos que tengo para mí. Ahí le doy vueltas a mis paranoias, ideo nuevas entradas para el blog, nuevas historias que contar en forma de relato o simplemente me dejo acompañar por la música y/o el libro que estoy leyendo. Otras muchas veces alguien o alguna situación me llama la atención y pasa a formar parte dentro de mi cabeza de mi particular reparto imaginario de un cuento que quizá nunca escriba.

   Escribir (o idear historias) inspirándose en personajes de carne y hueso es sentirse un poco como Dios, un Dios que permite su libre albedrío, muchas veces parece que no siguen el hilo de la historia y me obligan a cambiarla, de una historia romántica puede pasar a ser una historia de terror, de un drama familiar a novela policíaca.

   Muchas veces vuelvo a coincidir con las mismas personas que me han inspirado y no puedo reprimir una pequeña sonrisa recordando la vida paralela que han vivido en mi cabeza.

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