Delirios, dilemas y decepciones (Primera parte)

Primera parte

    Después de mis desafortunadas aventuras con mis amigas chateras, que ya os comenté en una entrada anterior, pasé una temporada maldiciendo a las mujeres y odiándolas.

Seguí frecuentando los chats, aunque prestaba más atención a los juegos de trivial o de cine del IRC-Hispano y a mi nueva afición: el hacking que a las chicas. Aunque esté mal que lo diga yo, he de reconocer que se me daban bien estos juegos y el hacking también. En esa época la seguridad era nula, con unos pocos conocimientos y la colaboración de la víctima era muy fácil colarle un troyano y tener el control total de su máquina. Pero como dicen en la historia interminable: esa es otro historia y será contada en otro momento.

Como es obvio, la cabra siempre tira al monte y no tardé mucho en reanudar mis fallidos intentos de ligues cibernéticos.

    Conocí a Pepita, una agradable chica que vivía en Suiza: sus padres, españoles, habían emigrado en los años sesenta y establecido allí su hogar. Poco a poco fui tomando confianza con ella, hablábamos todos los días hasta altas horas de madrugada La confianza se tornó en complicidad sobrepasando los límites. Me cuesta reconocerlo pero me colgué de ella, está vez sí, no como la vez anterior.

    Ya sabeis como es internet, una chica y miles de moscones, al final ella eligió y no fui el afortunado. Empezó a cibersalir con un chico de Barcelona.

Pepita no tenía nada que le atase a Suiza, le habían echado del trabajo recientemente, no le gustaba el clima y aunque la relación con su familia era buena, quería  reencontrarse con sus orígenes en España.

    Conservaba familia en el pueblo natal de su padre, con la excusa de visitarlos y también conocer a su cibernovio y sus ciberamigos, empezó su periplo por España. La ruta sería la siguiente: primero visita obligada a Barcelona, luego al pueblo de su padre, a continuación Almería (ciberamigos), Valencia (más ciberamigos), Madrid (de paso), vuelta al pueblo y finalmente Suiza.

    Durante su viaje seguíamos en contacto, chat, teléfono y los malditos toques…

    La visita a Barcelona no fue de su agrado, el chico iba demasiado rápido, presentación de padres incluidas, y ella no se veía con él. Pensaba en dejarlo pero no se lo dijo durante su estancia.

    Esto me alegró, dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Cuando me dijo que fuera a Valencia a pasar unos días ni me lo pensé. Hacía poco que me había comprado un coche de segunda mano y era la oportunidad de soltarme un poco en un viaje largo.

    Ella saldría de Almería con un ciberamigo que también lo era de su ciberamiga de Valencia. Preparé mi super citroen AX y un viernes por la tarde puse rumbo a Valencia.
Continuará…. o no..

El coche del pelos
El coche del pelos

Walter y Julita

– Julita, ven. Que te hago una canción.

– Ahora no puedo, que se me enfrían los bocadillos.

Todas las noches veía la misma escena desde el balcón de mi apartamento. Walter tocaba la guitarra en el paseo marítimo. Sobre las once menos cuarto Julia pasaba por delante de él y rechazaba su canción.

Julia y yo vivíamos en un bloque de pisos, ella en el segundo y yo en el décimo, el edificio no tenía más inquilinos. Según me contó el agente inmobiliario que me alquiló el piso, era un edificio “vacacional”, esto significaba que durante los meses de temporada baja no tendría muchos vecinos. Los propietarios empezarían a venir en masa a partir de junio para pasar sus meses de vacaciones. Desde que empecé a vivir allí mi única compañera de escalera era Julia.

Teníamos la costumbre de cenar juntos, ella ponía los bocadillos y yo ponía la casa.

– ¿Cuánto te debo de los bocadillos?

– Nada, son regalo de la “malfollaa” de Doña Lucía.

Doña Lucía era la dueña del bar donde trabajaba Julia. Si no estaba “malfollaa”, como decía mi vecina, si que tenía la cara de estarlo. Bueno, si les soy sincero, en ese local hasta los parroquianos parecían estarlo. Las caras largas y la escasez de sonrisas eran el estado natural de “Casa Lucía e hijo”.

Lucio, único hijo de doña Lucía y de su difunto marido, y Julia eran las dos gotas únicas de alegría dentro del mar de amargura que se respiraba en el que según rezaba en la puerta “Pionero en la tortilla de patata con cebolla”

– ¿“Malfollaa”? ¿No se la tiraba el farmacéutico?

– Yo votaría más por el cura, pero claro son rumores. Jejejeje. Ah, esta mañana he estado hablando con la señora María.

– ¿Qué nuevos cotilleos nos trae?

– Nada, me ha estado preguntado que cuando nos casábamos y demás.

La señora María se encargaba de la limpieza de la escalera, no le dábamos mucho trabajo, pero ella fiel a su profesión nos informaba puntualmente de los rumores sobre la gente del pueblo.

– ¿Y qué le has dicho?

– Le he vuelto a repetir que no estábamos liados, que yo tengo gusto.

Julia me atrajo desde el primer momento que la vi, pero ya me lo había dejado claro tantas veces que desistí seguir aplicando la táctica “Steve Urkel” con ella.

– Anda, líate uno – me arrojó un chivato con una piedra de costo y un librillo de papel de fumar.

– ¿De dónde has sacado esto?

– Me lo ha regalado un amigo.

– ¿Regalado?

– Si yo me enrollo con él y él me da chocolate. No me mires así, yo me lío con él porque quiero y él me lo da porque quiere. No pienses cosas raras.

En el cementerio

Julia me fascinaba, todos los días me llamaba por teléfono a la oficina desde el bar. Me hacía reír y me leía el horóscopo.

– Querido piscis: Hoy va a ser un día duro de trabajo, pero tus esfuerzos tendrán sus frutos.

– Y del amor, ¿Qué dice del amor?

– No pone nada, pero ya te digo yo que no te hagas falsas esperanzas.

Decía que era medio bruja, su abuela le había enseñado conjuros y artes adivinatorias, pero nunca conseguí que echase las cartas.

– No quiero saber el futuro de la gente de me importa.

El balcón de mi piso daba al paseo marítimo, el suyo daba al cementerio del pueblo, decía que el mejor sitio para poder ver todos los días a su “yaya”.

– ¿Quieres ver como si soy bruja?

– Sí.

– Baja conmigo al cementerio.

Entramos y ella fue directa a la tumba de su abuela, sacó una navaja y se hizo un corte la palma de la mano. Una gota de sangre cayó sobre la tierra al lado de la lápida.

-¿Y? ¿Esperaba que hicieses un rito, que bailases desnuda delante de una hoguera o algo parecido.

– Mira, mi “yaya” es mi protectora, desde que me dejó todas las noches de luna nueva le regalo una gota mía para que no se la lleven.

-¿Se la lleven? ¿Quién la SantaCompaña?

– La SantaCompaña son cuentos de viejas.

– Mira, me parece una tontería, los muertos muertos están, sales a hacer el rito en luna nueva porque así nadie te ve y nadie más te puede proteger que tu misma.

– Es una opinión.

Walter

Walter seguía intentando sacar nuevas notas a la guitarra pero siempre era la misma canción. Desde el balcón lo invité a cenar con nosotros, Julia había traído bocadillos de sobra.

Subió con su guitarra, le impedimos tocar para nosotros. Una vez acabada la cena y fumándonos nuestros porros de rigor, saqué una botella de ron.

– Esta también es regalo de doña Lucía.

– Brindemos por esa vieja zorra.

Bebíamos, mientras que los mismos acordes de siempre emborrachaban nuestras mentes ayudados por copas. Julia se levantó al tercer brindis.

– Amigos, les tengo que dejar.

– No te marches, vamos a matar la botella. Además te puedes quedar a dormir aquí.

– Si yo ahora me marcho, cuando acabe esta canción, quédese con Miguel – dijo Walter mientras me guiñaba un ojo.

– Mañana me toca abrir el bar, no quiero volver a discutir con la bruja.

Se despidió con un beso al aire.

– Mujeres.

-Si. Mujeres.

Walter siguió tocando durante horas, seguimos con más “regalos” de Julia de parte de de doña Lucia.

– Estas sangrando, deja de tocar.

De las palmas de sus manos goteaba sangre.

– ¿Sabe porque yo estoy así? Por una mujer. Ve estas heridas, me las hice por ella, pero no puedo morir por ella. Estas manos han matado a más de cinco hombres. Todo por la revolución. Algunos de ellos sin necesidad de ningún arma, sólo apretando. Pero no puedo morir por ella, soy un cobarde.

Supongo que sintió el miedo que se apoderaba de mi cuerpo. Me abrazó llorando.

– No temas, tú eres mi hermano. Las FARC son así morir o matar.

Se tomó de un trago lo que le quedaba de cubata.

– He luchado por una idea, he matado. ¿Sabes? yo era letrado allá. Quería mi libertad. ¿Para qué? Soy un guerrero, un defensor de mis compadres- se golpeó el pecho-. Una marioneta. Escapé de allí por una mujer.

– ¿Qué pasó?

– Nunca la volví a ver. Cada uno de estos cortes son recuerdos suyos.

– ¿Tomamos la última para olvidar?

– Sí brindaremos por las mujeres- me miró fijamente-. Hermano, mis manos están acostumbradas a matar, si tú me lo pides estas matarían por ti.

– Deja de decir tonterías y ve a por hielo.

Julia

Marqué su número de teléfono.

-¿Julia?

– Si – una voz triste me respondió.

– Hoy no me has llamado para leerme el horóscopo.

– El tuyo no lo sé, pero sé que el mío me dice que voy a cambiar de trabajo.

-¿Y eso?

– La hija de puta esta me ha echado. Me ha dicho que ha sido por robarle, pero yo sé que era porque se ha enterao que me estaba tirando a Lucio.

-¿Qué?

– Que tonto eres.

– ¡Qué zorra! Me vengaré de ella.

– ¿Tú qué vas a hacer? Aunque te cueste reconocerlo eres una buena persona. Ella ya tiene su maldición, además de la mía y la de la “yaya”.

– ¿No te protegía?

– Si me ha pasado esto es para decirme que ya no la necesito y que ella no me necesita a mí. Pero seguro que ella no dejará las cosas así.

-¿Y que vas a hacer?

– Me voy, aquí ya no tengo nada que hacer. Esto es un pueblo, si me han echado por robar, nadie me va a querer en su bar.

– ¿Y dónde vas?

– Donde me lleve el viento a favor, no lo sé, cogeré el primer tren que pase y donde me lleve.

-¿Puedo ir contigo?

– Querido Piscis: Los astros te recomiendan que ese viaje que has preparado inesperadamente no lo realices. No sacarás ningún beneficio de él.

– ¿Y el amor? – pregunté entre sollozos.

– Los horóscopos son cuentos de viejas.

La señora María, voz del pueblo

– ¿Has estado enfermo?- Nada vas verme tiró la escoba y vino corriendo hacia mi.

– Bueno, un poco.

– Nadie te ha visto en esta semana.

– Quería descansar.

– ¿Entonces no sabes lo de Julia, no?

– Si me dijo que la echaron y que se iba de aquí.

– Deja de pensar en ella, no te convenía.

– ¿Usted que sabe?

– ¿No sabes lo de doña Lucía?

– Si, que la echó.

– Tu amigo Walter, mató a doña Lucia- se santiguó.

-¿Qué?

– Le pillaron dormido en el bar, con sus manos apretando el cuello de doña Lucía, no me extrañaría que Julia le mandase matarla antes de irse. De una persona que robaba en su casa se puede esperar cualquier cosa. Dicen que seguramente Walter y Julia estaban liados y por venganza él la mató.

– No diga tonterías.

– Hijo, sólo digo lo que dicen.

-¿Dónde esta Walter ahora?

– Muerto, la paliza que le dieron cuando le encontraron fue muy fuerte, pero ¿quién va echar de menos a un sudaca de mierda, un delincuente, un asesino? Se me pone la piel de gallina sólo de pensarlo. Sólo Lucio no le dio. Pobrecillo estaba muy afectado. Dicen que va a vender el bar y que se va de aquí. Por cierto, ¿tú sabes algo de un hermano suyo?

– ¿De Lucio?

– No de Walter, dicen que mientras le daban gritaba algo como: “Esto es por mi hermano”.

– Ni idea.

– Bueno, ya se acerca el verano, pronto esto de llenará. A ver si te ennovias con alguna. No es bueno que un hombre esté solo.

LA RANA SE TRAGA AL HADA

Perdido en lo más profundo de los sentimientos, entre dos rocas grises, el deshielo hace que mane una pequeña corriente de agua cristalina. El hilo transparente cae sin fuerza hasta el suelo desbordando un pequeño charco, sin importarle luchar con pierdas, hojas o cualquier diminuto insecto, para después abrirse camino por el lecho del riachuelo labrado con la fuerza del tiempo. Cuando llega a la charca parece tranquilizarse, no sin antes remover unas cuantas hojas secas que flotan en la superficie.

Con una sola mirada podemos apartar los juncos que rodean la charca y observar su sencillez. En el fondo pierdas y algas; en la superficie nenúfares y otras flores de alegres colores. Un pequeño insecto revolotea de flor en flor, se para en los juncos, baila graciosa a son del viento. Fijamos la vista en la danza y nos damos cuenta de la mágica belleza de nuestro insecto, toda la hermosura de una mujer condensada en cinco centímetros. Ella sigue hechizándonos, maravillándonos, coqueteando con nuestros ojos.

Un ruido nos despierta de nuestra ensoñación. Un monstruo verde grandes ojos invade nuestro paraíso, con estruendo salta hasta un nenúfar rosa hundiéndolo, dejando poco más de la mitad a la vista.

Nuestra princesa lo ve, baila para él, ya no se acuerda de nosotros. Nos sentimos desplazados. Nuestro terrible competidor expulsa explosiva su pegajosa lengua, nos arrebata las esperanzas. No sentimos nada y sin embargo notamos que nos falta algo…

Un poco de historia

Los relatos que estoy publicando surgen de mi participación en un taller literario on line al que me invitó una excompañera de trabajo, creo que fue la primera persona que me llamo friki a la cara y he de reconocer que me pillé un buen rebote. Lo acabé asumiendo y ahora pienso que te llame friki una persona que vive con muñecas muertas, miles de comics y amante del cine de serie B es todo un honor.

El taller consistía en escribir un relato cada mes de una longitud no superior a tres páginas y sobre un tema propuesto por el master, normalmente el escritor del relato ganador el mes pasado.

El siguiente post es el primer relato que escribí para el taller, el tema era un cuadro Ofelia en el agua  de  John Millais.

 

 

Se busca Papa Noel para el polo sur

– Buenas tardes, tome asiento.

La entrevistadora le señaló una silla de oficina. Jesús, obediente, la acercó hasta la mesa y se sentó.

– Antes de empezar, permítame hacerle un par de observaciones: no le tutearé y le recomiendo que tampoco lo haga usted. No quiero que se sienta a gusto, ese no es el objetivo de esta entrevista.- Jesús, trago saliva mientras intentaba mirarle a los ojos.- La segunda: ¿Le parece adecuado vestir de traje para una entrevista para Papá Noel?

– Bueno….

– Da igual, supongo que es su traje de las entrevistas- apuntó algo en un papel- No se preocupe esto no influirá en su evaluación. ¿Fuma?- le ofreció un cigarro.

– No, gracias.

– Sé que fuma. Lo pone aquí.- señaló la hoja donde antes había hecho su anotación. Si lo necesita en algún momento, no lo dude, pídamelo. Tengo tabaco, fuego e incluso un cenicero.

– Por ahora no, pero se lo agradezco de todas formas.

– Bien, nos saltaremos toda la historia esta de sus anteriores empleos- dijo mientras tachaba un par de líneas del informe- ¿Por qué usted desea este trabajo?

– Bueno, cuando vi la oferta en el periódico me llamó la atención. Si le digo la verdad nunca me había planteado ser un Papá Noel.

– Me gusta su sinceridad, ¿es otra táctica prefabricada de un curso de buscar trabajo impartido en el INEM? No hace falta que conteste. Pasaré a cuestiones personales, ¿le molesta?

– Depende…

Señaló en el papel un párrafo subrayado y leyó en voz alta:

– Soltero, sin cargas familiares, ni ascendentes, ni descendientes. Si me equivoco en algo hágamelo saber, por favor.

– Por ahora todo correcto, mis padres m….

– No me cuente su vida, – le interrumpió – todo lo que quiero saber está aquí.

Apuntó con un mando a distancia a un televisor situado en un lateral de la habitación. El aparato empezó a mostrar imágenes de una pareja haciendo el amor.

– Esa es mi habitación, como… ¿me han espiado?

– Necesitamos saberlo todo sobre usted. Este trabajo es demasiado importante para contratar a cualquiera. El compañero que redactó el informe lo describe como un acróbata sexual.- sonrió – Los chicos que se aburren y a veces se ponen creativos en los informes ¿Quién era ella?

– Una amiga- dijo mientras se preguntaba que hacía allí, quien eran “ellos” y por qué no se levantaba y se iba de una vez.

– No me mienta. El informe dice que la conoció esa misma noche. No, no se preocupe: Se la ligó usted, en eso no hemos interferido.

Apagó el televisor.

– ¿De qué va todo esto?- se levantó bruscamente con intención de salir.

– ¡Siéntese! ¿Ha estado alguna vez en el polo sur?

Jesús la miró fijamente, volvió a la silla.

– Una vez soñé con el polo sur, estaba sólo, no veía nada a mí alrededor: sólo hielo y nieve. Era raro, podía ser cualquier sitio, Siberia, el polo norte… pero yo sabía que el polo sur.

– ¿No vio nada más?

– Dos figuras cuando caminé un poco, pero desaparecieron y desperté.

– Enhorabuena, es usted nuestro candidato perfecto.

-¿Cómo? Me toma el pelo.

– Usted vino aquí creyendo que era una entrevista para hacer de Papá Noel, ¿no? Yo no le ofrezco se un Papá Noel de centro comercial, le ofrezco ser Papá Noel, bueno en la franquicia del polo sur, claro.

-¿Qué?

– Obviamente Papa Noel del polo norte está cogido, lo tiene la competencia.

– No entiendo nada.

– Verá, ¿usted nunca se ha preguntado de donde salen los personajes de ficción? No me responda, si la imaginación de los escritores, artistas, etc. Siento defraudarle, esos personajes son reales, bueno lo fueron en alguna ocasión. Y eran personas como usted. Nosotros creamos los personajes y su trabajo es meterse hacer que el mundo se lo crea. ¿Cómo? Digamos que usted tiene un “don” puede generar ideas en la mente de los mal llamados creadores.

-¡Dios mío!

– No nombre a un personaje de la competencia, ese no les salió muy bien. En cambio Jesucristo… Ese toque humano en la cruz, nos maravilla. Y le aseguro que no es envidia sana. Llevamos muchos años intentando superarlo. Ellos con su Mesías y poco más llevan años acaparando el mercado. ¿Qué me dice de mi oferta?

– No se, entonces si Dios es de la competencia…

– No se preocupe, no el diablo no es nuestro. El mal y todos los pseudónimos del maligno son suyos. Le ofrezco la inmortalidad, no como personaje, usted podrá vivir eternamente, bien en ese cuerpo (que no le aconsejo) o en otro. Sólo tendrá que mantener vivo el recuerdo de Papá Noel del sur en los escritores y personas que usted desee. Usted los podrá elegir.

– No entiendo nada.

– No tiene que entenderlo. Lo que hay por encima no le importa, con el tiempo irá sabiendo más. Necesitamos derrotar al monopolio de Papá Noel y los reyes Magos y usted es el elegido. Le aseguro que Drácula, la bella Durmiente y otros muchos personajes están mucho más que contentos con nosotros. Sólo tiene que decir si.

– Si.

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“Tengo frió, no se cuanto tiempo llevo aquí tirado en el suelo. Puede ser que sea inmortal pero me muero de frío. ¡Puta mierda! No me acuerdo nada. Veo todo blanco, hielo y nieve. Cierro los ojos, veo su cara. La odio. La inmortalidad y ¿que más? Un billete destino el polo sur. ‘Tendrás que meterte en el personaje, ¿no?’. Me dejaron aquí. Me desmayé. Antes me dijeron  esperase cuando despertara, me llegarían noticias, alguien se te visitará con instrucciones. Aprenderás a crear el personaje dentro de otros. Joder, me cago en dios. ¿Cuántos días esperando? ¿Siete, diez, quince?”

 

“Camino durante días, meses, años… no se cuanto tiempo. Soy inmortal. Una vez que te acostumbras al frío está bien. La próxima vez leeré la letra pequeña del contrato. Llego a una estación científica. Me informan: Guerra nuclear. Suponen que hay pocos supervivientes, ellos son unos cuantos. No saben cuanta gente queda viva en la tierra, la comunicación se cortó poco después del comienzo, tienen miedo a intentar volver a los Estados Unidos. Me preguntan de donde vengo. ‘No lo sé’. Me miran extrañados. Lo achacan a la guerra. Comprueban mis índices de radiación. Se tranquilizan. Creo un nuevo personaje y lo intento lanzar a sus mentes. ‘¿Dios  permitiría una desastre así?, creed en el Mesías que vino desnudo del hielo’. Me admiran, no necesito comer, soporto el clima sin necesidad de abrigo, me adoran. Creen que reconstruirán la tierra con un Dios de carne y hueso”

No olvideis dejar entrar el viento en vuestra habitación

Aquí un trabajador exfumador, lamentablemente sobrio, que sueña con las vacaciones o con el paro (lo que llegue antes le vale).

Lástima que para dejar entrar el viento en su habitación tenga que romper un cristal: …inconvenientes de trabajar en un terrario.


Gracias a Yolanda por la idea.

Año 0

Doce uvas, tres copas de cava y un whisky sin marca con cocacola de lata: empieza el año nuevo.

No siento que haya cambiado nada desde que ayer me acosté. Otra vez más la magia del año nuevo no ha funcionado.

Seguramente el año que viene volveré a hacer lo mismo, el mismo ritual: me tumbaré en la cama esperando que al despertar haya cambiado algo. No sé que es ése algo, pero seguro que cuando suceda lo notaré.