Negociando con las musas

Ella
AH…QUÉ NO???
POR QUÉ??
ME QUIERES SOLO POR MIS DEUDAS???
lo de por mi dinero ya no se lleva
Yo
….
si, te quiero por tus deudas
nunca había sentido esa sensación
Ella
lo sé
mola…a que sí??
Yo
no está mal
Ella
lo que no me cuadra es porque desde que me conoces no escribres mucho más y mejor??
soy una grandisima inspiración
soy MUSE!!
en el sentido literal
Yo
sí escribo mejor
eso sí escribo poco
estoy desganado
Ella
PUES ENGANA
QUE ASÍ NO HAREMOS NA
y hay mucha pasta invertida en ti
bueno…tiempo
Yo
claro tu sólo me quieres por si algún día me equivoco y escribo algo vendible
todas sois iguales
Ella
no… todas iguales no.
solo yo llevo el 40%

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De ninguna parte. Reflexiones desde debajo de una manta.

A veces la vida se te escapa entre los dedos de la mano, la solución parece fácil y seguro que lo es: junta los dedos, las manos y no la dejes huir. Lo malo es cuando quieres hacerlo y ya no está ahí: ha resbalado silenciosamente, contando tan con sólo con su peso y nuestra pasividad  ha conseguido escabullirse.

Este post lo tenía pensado escribir hace tiempo, con el inicio del año, planteándome nuevos retos, historias, vivencias. Pero las vacaciones laborales indefinidas a las que me he visto relegado, han contagiado de inactividad a casi todos los aspectos de mi vida. Lo cierto es que creo que me ha venido bien este descanso, físico y mental.

Los que me conoceis, sabeis que el año pasado ha sido un año raro para mi.

Laboralmente: despido disciplinario, juicio que afortunadamente por fortuna no se llegó a celebrar, llegamos a un acuerdo antes, sobre la campana. Nuevo trabajo en el que he durado menos de nueve meses: la crisis y entrar recomendado por un cliente que después dejó de serlo no han sido mis mejores aliados. Estoy desencantado, la informática no es para soñadores, al menos en el mundo de las consultoras. Precisamente, mientras escribo estas líneas, me han dicho que van a hacer un nuevo ERE en mi antigua empresa.

Físicamente: mi metamorfosis. Cuarenta kilos menos. Lastima que volviese a fumar. Espero dejarlo muy pronto.

Lo más difícil: la mente. He despertado del letargo al que me he autosometido durante años, obviando mis sueños, centrándome en el trabajo, olvidando con y sin ayuda mis vocaciones, convirtiendo motivaciones en tristes desesperanzas. He recuperado la empatía, las ganas de contar historias, ese gusanillo que te machaca el estómago y que necesitamos sentir de vez en cuando para saber que estamos vivos.

Personalmente: he retomado amistades ninguneadas por mi egoísmo y autocompasión convertida en autocomplacencia. También he conocido nuevas personas a las que aburrir con mis historias, divertir con mis ocurrencias y practicar mi empatía. Grandes re/descubrimientos.

Este mes y medio de inactividad me ha servido, además de hincharme a ver series pendientes cubierto con una manta, a valorar todo estos cambios y darme cuenta de que no se pueden quedar ahí, tengo que juntar los dedos antes de que la vida se escape. Empezaré desde ahora mismo.

Planes: seguir con el blog, acabar la novela, dejar de fumar, encontrar nuevas cosas que me hagan feliz.

Como perdí mi gran oportunidad

La telebasura todavía no era el género preferido y predominante en la televisión española, pero empezaba a despuntar. Programas como “Esta noche cruzamos el misisipi” y “Mamma mia” creaban contenidos de la nada, de la basura, del sufrimiento, de famosos de primera y segunda clase.

Llenar horas y horas de este tipo de programación debía ser complicado y surgieron un nuevo tipo de personajes televisivos: “Los frikis”. Dentro de esta categoría destacaban la pandilla de la pseudocantante Tamara Seisdedos (luego llamada Ambar y más tarde Yurena). Esta además de la mencionada estaba formada por otros singulares personajes: Paco Porras (vidente especializado en leer en futuro en vegetales), Tony Genil (cantante de los años 70 venido a menos, mucho menos), Loli Álvarez (también pseudocantante) y Leonardo Dantés (antaño compositor de éxito).

Era verano y los programas de tarde tenían un espacio que rellenar. En Telemadrid empezó a tener cierto peso la pandilla basura. Discusiones sobre la autoría de la canción del verano (“No cambié”), embarazos, abortos e incluso estrellaron un coche en la Cibeles en su afán de conseguir sus quince minutos de gloria.

Telemadrid no desperdiciaba la oportunidad y les daba más y más minutos de su programación. Leonardo Dantés era uno de los que más salía. Su madre vivía en mi barrio, a unos tres bloques de donde yo con mis padres. Los equipos de televisión aprovechaban la tranquilidad de mi barrio y a las vecinas como extras gratuitos para realizar reportajes o videoclips casposos a Leonardo

Por esa época Fernando, uno de mis mejores amigos, por motivos de trabajo había estado fuera de Madrid durante todo el verano y no sabía nada del fenómeno televisivo que se había montado alrededor de estos personajes.

Fernando volvió a Madrid. Una tarde-noche decidimos ir al único pub del barrio: “La Senda”, ahora reconvertido en una empresa de compra-venta de pisos, eso es tener visión de futuro.

Mientras tomábamos una copa, entró en el pub Leonardo Dantés.

-Mira, ese el tio de la tele- le dije a Fernando.
-¿Quién?- contestó, obviamente Fernando no sabía nada de estos individuos: donde había estado no se veía Telemadrid.

Le conté a grandes rasgos las andanzas de los personajes. Cuando Leonardo iba a salir por la puerta le llamó.

– ¡Leonardo!

Leonardo se giró y nos miró con sorpresa, se acercó a la mesa donde estábamos sentados.

-Siéntate que te invitamos a una copa.- dijo Fernando.

Buscó una silla y se sentó con nosotros.

Estuvimos hablando sobre el mundo del espectáculo, sobre los montajes para la tele, nos reconoció que parte de lo que ponían de las discusiones entre los miembros de la pandilla estaba acordado previamente. También nos habló sobre su vida pasada, cuando era un compositor reconocido: había compuesto para los más grandes: Lola Flores, Los Chunguitos…

Le invitamos a otra copa.

-¿Sabes? A mi me gustaría conocer el mundo este del espectáculo- le dije- Ir a alguna fiesta y esas cosas.

-¿Sí? Pues cuando haya una te llamo y te vienes- me dijo.

Seguimos hablando y bebiendo. Cuando llegó la hora de despedirnos me pidió el número de móvil, por esas jugarretas de la mente y el alcohol yo no lo recordaba por lo que le di el de casa de mis padres.

Ya prácticamente me había olvidado de toda la historia cuando un domingo, al llegar a casa de mis padres (volvía del cine de ver X-men) el teléfono estaba sonando.

-¿Sí?- contesté.

-¿Paco? Soy Leonardo.

-¿Quien?

-Leonardo, estuvimos el otro día tomando unas copas.

Os podeis imaginar mi cara de circunstancias.

-Ah, sí, dime.

-Te llamaba porque mañana tengo grabación de un disco, por si te quieres venir.

    -Ehhhh…. Esto… ¿A qué hora?
– Por la tarde, empezaremos sobre las cinco.
-Esto… no, no puedo por la tarde trabajo- Lo cual era cierto, por esa época yo era profesor de informática de clases extraescolares en un colegio y en un instituto.
-Bueno, otra vez será, ya te llamaré.

No me ha vuelto  a llamar.

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A veces veo muertos…

En los veranos teníamos nuestro cuartel general en casa de José, sus padres se iban de vacaciones y le dejaban la casa para él solo (y para nosotros) durante un mes, nosotros nos acoplabamos: prácticamente hacíamos vida entre la calle y su casa. Por la tarde en la calle jugando al futbol, tirados en parque o sentados en los portales discutiendo sobre cualquier cosa que se nos ocurría: chicas, politica, futbol, peliculas… Por las noches solíamos ir su casa y allí tomábamos unas cervezas, unas copas, jugábamos a juegos de mesa, veiamos peliculas o simplemente volvíamos a discutir sobre lo divino y lo humano.

Los fines de semana eran distintos: nos arreglábamos con nuestras mejores galas e íbamos a casa de José a iniciar el calentamiento para salir de marcha. Comprábamos unas botellas de whisky y ron, cuando ya estábamos a tono nos dirigíamos al centro de Madrid, habitualmente a la zona de Huertas, en el barrio de las letras.

Este fin de semana, además de los habituales del barrio, vino también Daniel, un amigo de un amigo, a veces salía con nosotros pero no era de los habituales.

La noche se desarrolló como otras tantas: alcohol, intentos de ligue infortuosos, alcohol… Sobre la una de la madrugada empezaron las deserciones, al final nos quedamos Daniel y yo, que siempre nos apuntábamos a la última.

Nuestra última parada casi siempre era “La Joyería” un bar-discoteca que estaba abierto hasta las 7 de la mañana. Allí conocimos a un par de chicas polacas, preciosas, estaban con unos amigos, Daniel lanzado como siempre les dijo de tomar algo cuando cerraran el bar que ya estaba a punto. Ellas nos dijeron que vale, que les esperasemos fuera que primero se tenían que deshacer de sus amigos…

Salimos fuera sin mucha esperanza de volver a verlas, pero al rato salieron, acompañaron a sus amigos al metro y al rato volvieron. Fuimos a un bar de viejos a seguir con las copas, no muchas porque ya el sueño y el alcohol nos vencían. Intercambiamos los teléfonos con las chicas y nos dirigimos a casa de José a desayunar, ideas de borracho…

La resaca del domingo fue monumental, comí en casa de mis padres y luego me fuí a casa de Jose a martirizarle con mis historias sobre la polaca y mi resaca.

Jose estaba viendo una peli solo, una protagonizada por Billy Crystal y Robin Williams: “Un papá de sobra”, no estaba mal pero mi cabeza no estaba para comedias ligeras, ni para nada…

A mitad de la película tuve que ir al baño, todavía mis riñones y mi hígado estaban haciendo la labor encomiable y complicada de sanear mi cuerpo. Cuando salí vi en el pasillo tres personas caminando delante de mí, mirando al frente: de las tres solo tengo recuerdos vagos: dos hombres y una mujer, el hombre de enmedio llevaba una camiseta a rayas, estilo marinero y la mujer, la más cercana a mí, era rubia y con el pelo rizado. Esta última se volvió y se me quedó mirando fijamente. Cerré los ojos y los atravesé hasta llegar a el salón.

Al entrar en la sala José me dijo: “¿Qué te pasa macho? Estás pálido, ni que hubieses visto un fantasma”.

La mente a veces pasa malas jugadas, lo atribuimos al cansancio, la resaca, los nervios porque había quedado en llamar a Barbara, la preciosa chica polaca que conocimos la noche anterior.

Un poco más tarde llegó Hugo, otro de los habituales, la noche anterior no había salido con nosotros y estaba un poco cabreado porque creía que le habíamos dejado tirado…

-Sois unos cabrones, ayer me pasé por aquí y no me abristeis.
-¿Qué?
-Sí, pasé sobre las doce y no me abristeis.
– Tio, a las doce ya no estábamos aquí, nos fuimos antes.
-Joder, que no, que vi la sombra de una persona pasando por delante de la ventana.

Nunca sabré si fue un fallo de Matrix, una alucinación o que, sólo sé una cosa yo los vi…

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Más libros

Más libros
Más libros

Uno de mis vicios no ocultos son los libros, compro muchos a lo largo del año, tantos que muchos quedan apilados a la espera de que los saque a pasear acompañándome de camino al trabajo durante semanas, meses e incluso años.

Aprovechando que tenía un vale descuento de la fnac de 45 € gracias a otro de mis vicios no ocultos: la informática, móviles, tablets, etc. (ahora a la gente que le gusta la tecnología los llaman geeks, que manía de etiquetar todo, supongo que los que se autodenominan geeks necesitan verse integrados en un grupo, seguro que se reconocen por la calle y tienen un saludo secreto) me he comprado tres libros:

«El viento en la cerradura» Stephen King. ¿Qué puedo decir de «El Rey»? Seguro que es el autor de que tengo más libros. El primero que leí fue «Misery», luego llegaron los clásicos: «El resplandor», «Carrie», «IT», «La zona muerta», etc. Me suelo comprar todo lo que publica. Aunque en ocasiones tarda bastante en empezar la acción y los finales no son muy brillantes en algunas de sus obras, me sigue fascinando. Mención especial a sus cuentos, muchos de ellos geniales, de ellos han salido grandes películas como «Cadena perpetua» o «Cuenta conmigo».

«El viento en la cerradura» retoma la historia de la gran saga «La torre oscura» pero no es la continuación: es una novela que sirve de unión entre la cuarta y quita parte.

«Acid House» Irvine Welsh. Conocí a este autor gracias a la película «Trainspotting», quedé tan impactado con ella y no tuve más remedio que comprar la novela. No me decepcionó. Me encantaron los personajes, las situaciones y sus delirios yonkis. Me gustó tanto que lo presté y cuando me di cuenta de que nunca lo iba a recuperar lo volví a comprar. Tengo en la pila pendiente de leer «Porno» (segunda parte de «Trainspotting», al ser la portada la cara de una muñeca hinchable me tira un poco para atrás llevarlo en el tren) y dos libros más de Welsh.

«Acid House» se compone de varios cuentos y una novela corta. Según he leído en las criticas tiene el mismo sentido del humor negro y mala leche que «Trainspotting»

«La aventura del tocador de señoras» Eduardo Mendoza. No todo va a ser literatura extrajera o/y de yonkis. La saga del detective loco adicto a la pepsi me enganchó desde el principio. Creo que el primer libro, «El misterio de la cripta embrujada» lo leí para clase de literatura en el instituto, o quizá se lo mandaron a mi hermana. El caso es que lo devoré y luego llegó «El laberinto de las aceitunas», también genial. Este año compré cuando salió «El enredo sobre la bolsa y la vida» cuarto libro que tiene como protagonista al detective loco y como en las otras ocasiones me encantó la forma de narrar (el punto de vista del protagonista, un loco, es una idea genial), las situaciones surrealistas y el sentido del humor que desprende. No me podía perdonar no haber leído el tercero así que en este pedido ha caído.

Y más libros: para diciembre me llegará «Mala racha» primera novela publicada de Rodrigo Solís, un nuevo autor que promete, publicada por la editorial de otro de los grandes de la literatura underground Ezcritor. Podéis comprar la novela desde la web.

Ahora sólo me queda elegir cual de ellos me llevo de paseo. Creo que mañana empezaré con «Acid House».

Mordisco o trato: Un relato de Halloween

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Trabajábamos en pleno centro de Madrid, muy cerca del congreso de los diputados, muy cerca de Sol, de la zona de bares de Huertas, esto sumado  a que todos los días, incluidos los viernes, no salíamos antes de las seis de la tarde, hacía que muchos fines de semana y vísperas de festivos nos quedásemos por la zona a tomar unas cervezas, copas y lo que surgiese.

En esa época era becario, fumador empedernido, gran bebedor de fin de semana. Tímido, muy tímido, tanto que me costaba hablar con chicas si no iba ebrio, les tenía pánico… Pelo largo, unos kilos de más, nunca he tenido un cuerpo atlético, pero si he tenido momentos en los que mi peso se adecuaba a mi altura. Gafas (algunos días lentillas). Casi seguro que algún amor platónico me rondaba en la cabeza… Más que una persona parecía un tópico.

Ese año Halloween cayó en jueves. Como muchos otros días salimos del trabajo y fuimos a La oreja de oro, un bar de aspecto cutre pero barato, muy barato, ideal para empezar con unos minis y unas raciones, creo que no hace falta que os diga cuál era la especialidad de la casa.

Cintia, una compañera de trabajo, quizá una de las personas más soñadoras e inocentes que he conocido, había quedado con unas compañeras de piso en el garito, mientras esperábamos las cervezas y el calimocho iba haciendo su efecto. Charlie y yo teníamos muchas ganas de conocerlas. Cintia nos las había vendido como si fueran auténticas diosas: guapas, altas, tipazo.  Impacientes empezamos con las copas, JB con coca-cola para mí, ellas seguían sin dar señales de vida.  Después de unos cuantos whiskys, Cintia recibió una llamada: sus amigas estaban en un bar de la cava baja aunque se iban a ir pronto a casa, también en ellas el alcohol estaba haciendo su efecto.

Nos acabamos las copas de un trago y Cintia, Charlie y yo nos fuimos camino al pub donde habían dicho que estaban, el resto de nuestros compañeros, cansados, dijeron que se tomaban algo por Huertas y se iban a casa.

Llegamos, nos las presentaron: no eran una cosa del otro mundo, Cintia tenía demasiado buen concepto de sus amigas, además estaban con un grupo de tíos revoloteando a su alrededor y cuando acabaron sus bebidas se fueron. Cintia se fue con ellas: Bye diosas, bye tíos (ellos se quedaron en el bar aunque  no nos volvimos a dirigir la palabra: ya no había que marcar territorio).

Camino de más alcohol, diversión y chicas nos encontramos con una relaciones públicas disfrazada de bruja. Nos ofreció llevarnos a un bar e invitarnos a unos chupitos. Entre el pedo y que la chica estaba muy bien accedimos. Nos acompañó hasta un sitio decorado de acorde con la fiesta de Halloween. Allí una camarera disfrazada de vampiro nos sirvió los chupitos prometidos.

–          ¿Esos colmillos son de verdad? – preguntó  Charlie.

–          ¿Quieres probarlos? – se abalanzó sobre el cuello de Charlie y le pegó un pequeño mordisco.

Después me miró y me dijo:

–          ¿Y tú quieres también los quieres probar? – le apartó el cabello y me mordió fuerte, sentía sus colmillos, me dolía pero me reconfortaba.

Cuando acabó le dije ahora me toca a mí y le mordí con ganas, disfrutando de mi nueva afición  vampírica recién descubierta.

Al acabar me volvió a morder, está vez más fuerte, la sensación seguía siendo placentera aunque el dolor me obligó a apartar el cuello de su boca.

Poco más recuerdo de esa noche, probablemente no pasó nada más digno de contar. Charlie y yo no hemos vuelto a hablar del tema. Seguramente seguiríamos de copas hasta las tantas sin ligar ni nada y luego como otras muchas veces llegaríamos a casa milagrosamente sanos y salvos.

El día siguiente lo pasé en cama, me encontraba fatal, con fiebre, lo achaqué a la gran cantidad de bebida que habíamos tomado el día anterior, no me acordaba de casi nada, ni de los mordiscos. Solo me levanté a comer un poco y presionado por mi madre.

Cuando pasados dos días ya me encontraba con fuerzas para ponerme en pie, y realizar un poco de vida normal, decidí ir al peluquero y cortarme las greñas, esas greñas que me habían acompañado durante años. Fue una gran sorpresa descubrir cuando el peluquero me recogió el pelo en una coleta ver reflejado en el espejo un gran moratón en mi cuello.

The Lizard King (epílogo)

-¿Cómo acaba la historia?- le pregunté a mi inconsciente.

-¿Qué historia?-

-La de la semana pasada, la del rey lagarto y esas polladas… Hoy parece que nos estás dormido…

-¿De verdad quieres saberlo? Eso no está en mi, lo tienes presente, es parte de tu historia.

-Nuestra historia.- Le rectifiqué.- Además sabes que me gusta verlo con otra perspectiva, aunque sea la tuya…

-Sí, sí, nuestra historia… ¿Tienes tabaco de sobra?

-Y cocacola ligth.

-Pues vamos a por ello…

 

Continuaste participando en el taller y manteniendo el contacto telemático con María, Ana y Pilar. Nunca volvisteis a hablar de esa noche: lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas.

    No volviste a ganar, en realidad solo participaste un par de veces más, tus musas no estaban muy inspiradas. Esas dos participaciones son “Recuerdos” y “Peces de colores”. No recibieron buenas críticas pero tampoco malas. No estabas muy orgulloso de ellos, ya escribias por compromiso.

    En el taller empezaron a haber tiranteces entre algunos miembros y se crearon dos grupos, tú te mantuviste aparte, no era tu guerra. María y Ana se distanciaron por ese motivo. La gente empezó a dejar de participar y organizador decidió dar por acabado el taller.

Así acabó tu segundo intento de ser escritor.

 

-¿Qué más pasó?- le pregunté inquieto.

-¿Con qué?

-Con Ana, María, Pilar… conmigo..

– Ah, bueno eso.

 

Ana dejó el taller de las primeras y ya no volviste a saber nada de ella. Si seguiste en contacto con María y Pilar.

Un día te llegó un sms de Pilar: “Entonces el viernes a las 21:00 en la Plaza de Santa Ana, Ok?” Te pareció raro puesto que no habíais hablado de quedar. Al rato llegó otro de María: “Ok, allí nos vemos”. Tú flipabas. Llamaste a Pilar y te lo aclaró todo: su móvil se “había vuelto loco” y reenvió todos los mensajes que tenía en “mensajes enviado”, el que llegó a María y a ti correspondía a la otra vez que quedasteis. María supuso que Pilar y tu lo habéis hablado y por eso contestó que vale. Al final, después de toda la confusión quedasteis.

Otra noche de alcohol y penas. Tampoco recuerdas mucho, solo sabes que a partir de ese día no María desapareció de tu vida.

El contacto con Pilar si se mantuvo, quedabais regularmente los dos solos. Como amigos, solo como amigos.

Tú seguías mal en el trabajo, seguías sin soportar a esa panda de hijos de puta que tenía como jefes/compañeros. Ya no podías más, llegaron los aumentos de sueldo, sí, antes existían esas cosas, y el tuyo fue normal. Genial, ya tenías excusa para buscar otro trabajo.

Empezaste a buscar, hiciste unas cuantas entrevistas, pero Pilar, que sabía que estabas buscando, te puso en contacto con un antiguo jefe suyo que buscaba un perfil muy parecido al tuyo. La entrevista con él salió muy bien. La del cliente donde irías si te contrataban también. Te tocó esperar la respuesta más de un mes pero al final conseguiste el trabajo, gracias a Pilar. Económicamente muy bien, 6000 € más al año, subida de categoría y en Madrid, no en un pueblo a más de una hora de viaje. Ganabas en todo.

Tu empresa y el cliente intentaron que te quedases, el cliente no era tonto, no te soportaba pero les sacabas el trabajo, hacías todas las horas que fueran necesarias y solicitaron a tu empresa que igualasen la oferta de tu nueva empresa. Dijiste que no.

Cinco años y medio estuviste en la nueva empresa, en distintos proyectos, hasta que este marzo te hicieron un despido disciplinario, pero eso es otra historia y será contada en otro momento.

Seguiste quedando con Pilar, más o menos regularmente. Empezaste a sentir algo por ella. Siempre habías sospechado que le gustabas pero tú antes siempre tenías la cabeza en otras.

Un día tomando unas cervezas en una terraza la plaza de Santa Ana con ella, se acercó un chico. Todavía recuerdas la cara que se le quedó a Pilar, totalmente desencajada. Se presentó y se sentó con vosotros. Era un amigo de la universidad, según me contaron habían estado tomando ese mismo día algo antes de que Pilar quedase conmigo y casualidades de la vida al volver a casa nos había visto y se acercó a saludar. Obviamente no te lo creíste.

Lo demás vino rodado, quedasteis más veces, fuisteis al cine un par de veces (“Indiana Jones y la calavera de cristal” y “Batman. El caballero oscuro”). Y un día decidiste lanzarte…

Error. Como amigos genial. Vamos a darnos un tiempo antes de volver a quedar, etc.

No has vuelto a quedar con ella, la has visto un par de veces cuando los dos trabajabais cerca, en pleno centro de Madrid. Conversación triviales y unos a ver si quedamos y nos contamos. Hasta hoy.

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Chorradas de la China

Llevo unos cuantos días sin aparecer por aquí, el trabajo, relaciones sociales (no todo va a ser vivir detrás de una pantalla de ordenador) y lo más importante, no tengo nada que contar. En realidad si tengo mucho que contar, pero no se como. Tengo que darle una vuelta a todas mis ideas de realidad y ficción que me pasan por mi cabeza. Espero que este replanteamiento de mis historias no me lleve mucho, uno, dos días, unas horas… Espero que mis musas estén inspiradas pronto porque tengo ganas de escribir.

A cambio os dejo un vídeo de las nuevas chorradas/frikadas que me han traído de la China:

Sí, por fin me ha llegado mi pedido de China, un mes esperando… La verdad es que creía que lo habían incautado en la operación emperador o que le habían encargado a Nacho Vidal traerlo de contrabando y se lo habían decomisado después de hacerle una prospección anal. pero no, al final han llegado y como molan.

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The Lizard King (segunda parte)

-Despierta, que ya es mañana.- Le dije a mi inconsciente.

-¿Qué cojones quieres ahora? Estaba inconsciente… ¿Lo pillas?

-Sí, sí, lo pillo..- le contesté- y hazme un favor: no me hagas decir ese tipo de “bromas” en público que luego la gente me mira mal… Me ibas a recordar lo de la novia del rey lagarto ¿Te acuerdas?

-Sí ¿Hoy no hay fútbol?

-No, ponen “La voz”.

-Mola cuando Bisbal pone esas caras, dan ganas de pegarle una hostia ¡Zas! ¡Toma paleto! ¡Aprende a hablar!

-Joder, como estás hoy… Vamos con lo del rey lagarto.

– Tío ¿Por qué no lo recuerdas tu solito?

-Me gusta como me lo cuentas tú.

-Venga, pero rapidito que quiero ver “La voz”.

-Va.

-Pues ayer lo dejamos con lo que te apuntaste al taller por hacer un favor a María.

-Sí, sigue.- Le dije impaciente.

– A María le echaron del curro ¿Te acuerdas de esos jefes y compañeros tan guays que teníais? Esos que iban de graciosos y os hacían la vida insoportable a los subcontratados ¿Al payaso ese que llamaste hijo de puta?

-Sí, lo de hijo de puta fue mucho después, pero sí, me acuerdo, fueron ellos los que echaron a María por sus rarezas…

-Seguiste manteniendo el contacto con María, al igual que habías hecho con Pilar, otra compañera que se había ido hace tiempo del mismo curro. También seguiste en el taller y una vez ganaste.

-Con “Se busca Papa Noel para el Polo sur”, creo que de lo mejor que he escrito en ficción.

-Sí, sí, eres la hostia-me contestó irónico- ¿pero… no estaba contando la historia yo? Como ganador te tocó organizar el taller el mes siguiente y como era costumbre tú podías participar pero fuera de concurso. Escribiste…

-”Walter y Julita”-interrumpí.

-Joder tío, o dejas de interrumpirme o me dejás en paz, pero así no puedo.

-Vale…

-Pues de vez en cuando solías quedar con Pilar y María para ir de fiesta, un día María se trajo una amiga: Ana. También participaba en el taller. María te presentó orgullosa a ella: el ganador del taller. No cabías en ti. Subidón. A Ana también le habían gustado los dos relatos. Más subidón. Fuisteis a una cervecería en la plaza de Santa Ana. Tú solo de cañas con tres chicas preciosas. Resubidón.

“La verdad es que lo pasaste un poco mal cuando después de unas cañas ellas empezaron a contar lo que le harían a Beckham: atarlo a la cama, tirarselo delante de la Vicky y otras paraflias varias… Guarrete, a ver qué estarías pensando tu…

Ana tambien compartía los mismos gustos que tú, en especial la adoración por Jim Morrison “El rey lagarto” y por Bunbury. De hecho su nick en el taller era “Pam”, el nombre de la novia de Jim.

    Las llevaste a un bar de Huertas donde ponian musica de los sesenta, setenta y ochenta. Allí entre copa y copa seguiste hablando de música y cine, te sentías bien, muy bien. De repente, impulsada por el alcohol,  Ana se dio la vuelta y se levantó la camiseta dejando a la vista la espalda. Tu flipabas… Miraste con cara de sorpresa a María. “Dice que le apartes el tirante del sujetador para que veas un tatuaje”, dijo María. Lo hiciste y viste un tatuaje de un lagarto sobre su omoplato izquierdo.
Las copas seguían haciendo estragos entre nosotros. “¿Sabes una cosa?” Te preguntó Ana “Si no tuviese novio tu serias el hombre de mi vida…” Resignado a mi suerte seguisteis bebiendo como si se fuera a acabar el mundo.
María había quedado con otra amiga en otro bar de Huertas, donde pinchaba su novio, ex de María. Fuisteis para allá y aquí es donde ya no te puedo ayudar a recordar: creo que fue primero Pilar quien se fue, no bebía habitualmente y se estaba poniendo fatal. Luego Ana, tus intentos de acercamiento fueron en vano, el alcohol también le pudo.
Al final creo que os quedasteis María, su amiga, el novio de su amiga y tú. Lo que pasó después se pierde en el fondo de una botella de whisky.

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The Lizard King (primera parte)

-¿Por qué escribo?- Le pregunté a mi inconsciente mientras me encendía un cigarro.
– ¿Yo qué sé? Lo sabrás tú que eres quien escribes, dame otra calada y vamos a ver el fútbol.
-No lo sé, tiene que venir de ti, tu me obligas- le acusé-, soy tu prisionero.

-Lo sabes, escribes porque te gusta contar historias, siempre te ha gustado. También está tu ego, te gusta que la gente te lea y te sientes bien cuando te dicen que les gusta.

-Sí, sí, eso lo tengo más o menos claro.- le respondí.- ¿Pero porqué he vuelto a escribir después de tantos años? ¿Por qué estoy escribiendo ahora en lugar de ver a la selección?

-Ahora no lo sé ¿pero te acuerdas de anterior vez que empezaste a escribir? ¿Hace unos cinco años?

– El taller…

-Sí, el taller ¿Pero por qué escribiste de nuevo después de tantos años?- me empecé a sentir incomodo.- Tienes tiempo, tabaco y cocacola. ¿Quieres que lo recordemos? ¿Quieres que lo recupere para ti?

-No… ¡Gol de Sergio Ramos! Vamos a ver el partido.

-No, ahora me escuchas, lo siento, has empezado tú, además será divertido.

Asentí sin muchas ganas.

-Siempre te ha gustado escribir, como te he dicho antes contar historias, juntar palabras… pero eso lo sabes tú mejor que yo. Tu problema, uno de ellos, es la pereza, te cuesta ponerte. Lo habías intentado, escrito algunas cosas, con mayor o menor calidad. Siempre con alguna idea para contar ¿te acuerdas de esa novela de la que tenías hasta el título? Las nieves, pero la vaguería te puede.

Y te pudo hasta que la conociste a ella, sí, otra ella ¿Te acuerdas? Una chica morena, alta, gótica, bastante rara. Trabajabais juntos. Ella quería ser escritora, escribía bien.

-Penalty, joder lo ha fallado.- interrumpí.

-¿Estamos a lo que estamos? Tenía los mismos gustos que tú: cine de terror y gore, fantasía en general, música de los sesenta, setenta… punk, heavy, gótico en general.

-Sí, María.

-Sí, esa misma. Congeniabais bien, además como trabajabais a tomar por culo, tú te acoplabas a su coche a la vuelta siempre que podías, como vívia en el centro de Madrid luego no te costaba nada llegar a tu casa en cercanías, así te ahorrabas más de media hora de viaje.

-Me aburro…

– Joder, además el partido está en el descanso. Sigo, y no seas pesado. Ella participaba en un taller literario online. Algo no muy grande, con amigos. Cada mes había que escribir un relato de no más de dos páginas tomando como referencia un tema elegido por el ganador del mes anterior. Un mes ganó ella y te pidió un favor, pero no el favor que tú le querías hacer ¿no?

-Esto…

-Venga, a mi no me puedes engañar, te ponía y bastante. Todavía recuerdo cuando te dijo eso de “yo ligo mucho porque la chupo de puta madre”. ¡Qué cara se te quedó! Volviendo al favor: como le comentaste que a ti te gustaba escribir y que habías escrito hace tiempo, te pidió que te apuntaras al taller, cada vez participaba menos gente y no quería que durante su mes el concurso quedase desierto por falta de participantes.

-Sí, es verdad y me apunté y convencí a una amiga para que también lo hiciera.

– Y te gustaba, digo escribir, lo otro estaba claro. Incluso un mes ganaste ¿Te acuerdas?

-Sí, con “Se busca papa noel para el polo sur”.

-El partido se está poniendo interesante, que grande Casillas, ¿dejamos el resto de la historia para mañana?

-Me acabo de acordar de la novia de rey lagarto.

-Sí, de eso hablamos mañana ¿Ok?

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– Me metí en el heavy metal para que me chuparan la polla. Ahora sigue siendo importante, pero también hay otras cosas

(Blackie Lawless, W.A.S.P.)