The Lizard King (segunda parte)

-Despierta, que ya es mañana.- Le dije a mi inconsciente.

-¿Qué cojones quieres ahora? Estaba inconsciente… ¿Lo pillas?

-Sí, sí, lo pillo..- le contesté- y hazme un favor: no me hagas decir ese tipo de “bromas” en público que luego la gente me mira mal… Me ibas a recordar lo de la novia del rey lagarto ¿Te acuerdas?

-Sí ¿Hoy no hay fútbol?

-No, ponen “La voz”.

-Mola cuando Bisbal pone esas caras, dan ganas de pegarle una hostia ¡Zas! ¡Toma paleto! ¡Aprende a hablar!

-Joder, como estás hoy… Vamos con lo del rey lagarto.

– Tío ¿Por qué no lo recuerdas tu solito?

-Me gusta como me lo cuentas tú.

-Venga, pero rapidito que quiero ver “La voz”.

-Va.

-Pues ayer lo dejamos con lo que te apuntaste al taller por hacer un favor a María.

-Sí, sigue.- Le dije impaciente.

– A María le echaron del curro ¿Te acuerdas de esos jefes y compañeros tan guays que teníais? Esos que iban de graciosos y os hacían la vida insoportable a los subcontratados ¿Al payaso ese que llamaste hijo de puta?

-Sí, lo de hijo de puta fue mucho después, pero sí, me acuerdo, fueron ellos los que echaron a María por sus rarezas…

-Seguiste manteniendo el contacto con María, al igual que habías hecho con Pilar, otra compañera que se había ido hace tiempo del mismo curro. También seguiste en el taller y una vez ganaste.

-Con “Se busca Papa Noel para el Polo sur”, creo que de lo mejor que he escrito en ficción.

-Sí, sí, eres la hostia-me contestó irónico- ¿pero… no estaba contando la historia yo? Como ganador te tocó organizar el taller el mes siguiente y como era costumbre tú podías participar pero fuera de concurso. Escribiste…

-”Walter y Julita”-interrumpí.

-Joder tío, o dejas de interrumpirme o me dejás en paz, pero así no puedo.

-Vale…

-Pues de vez en cuando solías quedar con Pilar y María para ir de fiesta, un día María se trajo una amiga: Ana. También participaba en el taller. María te presentó orgullosa a ella: el ganador del taller. No cabías en ti. Subidón. A Ana también le habían gustado los dos relatos. Más subidón. Fuisteis a una cervecería en la plaza de Santa Ana. Tú solo de cañas con tres chicas preciosas. Resubidón.

“La verdad es que lo pasaste un poco mal cuando después de unas cañas ellas empezaron a contar lo que le harían a Beckham: atarlo a la cama, tirarselo delante de la Vicky y otras paraflias varias… Guarrete, a ver qué estarías pensando tu…

Ana tambien compartía los mismos gustos que tú, en especial la adoración por Jim Morrison “El rey lagarto” y por Bunbury. De hecho su nick en el taller era “Pam”, el nombre de la novia de Jim.

    Las llevaste a un bar de Huertas donde ponian musica de los sesenta, setenta y ochenta. Allí entre copa y copa seguiste hablando de música y cine, te sentías bien, muy bien. De repente, impulsada por el alcohol,  Ana se dio la vuelta y se levantó la camiseta dejando a la vista la espalda. Tu flipabas… Miraste con cara de sorpresa a María. “Dice que le apartes el tirante del sujetador para que veas un tatuaje”, dijo María. Lo hiciste y viste un tatuaje de un lagarto sobre su omoplato izquierdo.
Las copas seguían haciendo estragos entre nosotros. “¿Sabes una cosa?” Te preguntó Ana “Si no tuviese novio tu serias el hombre de mi vida…” Resignado a mi suerte seguisteis bebiendo como si se fuera a acabar el mundo.
María había quedado con otra amiga en otro bar de Huertas, donde pinchaba su novio, ex de María. Fuisteis para allá y aquí es donde ya no te puedo ayudar a recordar: creo que fue primero Pilar quien se fue, no bebía habitualmente y se estaba poniendo fatal. Luego Ana, tus intentos de acercamiento fueron en vano, el alcohol también le pudo.
Al final creo que os quedasteis María, su amiga, el novio de su amiga y tú. Lo que pasó después se pierde en el fondo de una botella de whisky.

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